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LA VIDA MISTICA DE JESUS
LA VERDAD SOBRE LA CRUCIFIXION
sinagoga y tra to de encam inar el pensamiento de
las gentes hacia superiores ideales, no hubiera
sido motivo para que lo crucificaran, sino a lo
sumo p ara que lo despreciaran.
Jesus no fue mas radical que lo habia sido
Isaias ni mas liberal en Su ortodoxia que Miqueas.
No intentaba fu n d ar una nueva secta ni una nue
va iglesia, a pesar de las afirmaciones de algunos
cristianos que se figuran que Cristo fundo la p ri
m itiva iglesia cristiana e inicio el prim er movimiento cristiano hacia el establecimiento de una
nueva secta.
Pero aunque as! lo hubiera hecho, no fuera
una novedad en aquel pais, porque entre los ju
dios se contaban varias sectas, tales como los fariseos, saduceos, esenios, nazaritas, nazarenos, cutitas, boetusianos, ofitas y algunas otras, sin que
a ninguno de los fundadores de estas sectas se le
hubiese aplicado la pena de muerte.
Pudo haberse proclamado Jesus el Mesias prometido, a disgusto de los rigurosam ente ortodo
xos; pero segun la costumhre judia, cualquier individuo de la casa o trib u de Juda, podia haberse
creido tal Mesias, sin que por ello le crucificaran
los judios.
Podia haberse proclamado el “ unigenito Hijo
de Dios” aunque esto no consta en nuestras cro
nicas; pero cabe la duda de que por la pretension
de ser el “ H ijo de Dios” se hubiese concitado la
animadversion de los judios, porque todo judio
creia que Dios era su “ P ad re” y siempre oraba
a Dios llamandole Padre celestial y creyendose
hijo de Dios. Este concepto de la Divinidad era
comun en Israel.
El unico punto sobresaliente respecto de la cru
cifixion es el uso de la cruz. E sta circunstancia
basta para probar que Roma ordeno la m uerte de
Jesus, pues la crucifixion era la form a capital establecida por los romanos, y si la sentencia la hubieran dado los judios seguram ente lo lapidaran
y no lo crucificaran.
La circunstancia de que Jesus fuera crucificado segun costumbre rom ana y en manos de soldados romanos que tenian orden de ejecutar legalmente la sentencia, dem uestran que no fue aquello
cosa de motin popular ni de persecution religiosa
por p arte de los judios, sino el cumplimiento de
una sentencia oficialmente dictada en Roma.
Conviene tener presente que mucho mas importante que los titulos de Mesias y de H ijo de
Dios que a Jesus le daban los apostoles, era para
los romanos el de rey de los judios, que imprudentem ente le daban Sus mas entusiastas proselitos.
E ste titulo era cosa grave y fue el verdadero mo
tivo de Su crucifixion.
Los judios anhelaban un caudillo, ya fuese el
verdadero Mesias o quien anticipadam ente lo representase; y si este verdadero o presunto cau
dillo les tra je ra un m ensaje de paz y dicha, y
obrara m ilagrosas curaciones, lo hubieran aceptado la mayoria de los judios, si no todos.
La inquietud de los judios de Palestina y su
esperanza de sacudir el yugo romano habian levantado viva ansiedad en Roma. Por doquiera los
espias del gobernador romano andaban al acecho de un posible levantam iento rebelde acaudillado por un jefe que provocase o tra g u erra; y
cuando los entusiastas partidarios de Jesus le dieron en secreto y en publico el titulo de “rey de
los judios”, no tardd en llegar tan grave caso a
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