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LA VIDA MfSTICA DE JESUS
LA VERDAD SOBRE LA CRUCIFIXION
los principios mundanos, los elementos de insidia
y deslealtad que se encuentran en todas las fases
de la vida.
Dice la historia que los oficiales encargados
de prender a Jesus comprendieron que si lo prendian m ientras estuviera predicando en publico o
haciendo milagros, se am otinarian las gentes y se
ria preciso hacer uso de las arm as, ocasionar victim as y provocar una situation que ni romanos ni
judios deseaban.
E n consecuencia, decidieron prender a Jesus
m ientras se hallaba fuera de la ciudad en compa
nia de algunos discipulos; pero se necesitaba alguien que les dijese quien era y lo identificase
desde lejos por el bianco vestido que usaban los
esenios. Judas se ofrecio a ello mediante el pago
de la convenida cantidad de tre in ta dineros de
plata, y represento el elemento de traicion a que
se refieren los Evangelios.
Tanto los Evangelios como las antiguas cr 6nicas dem uestran que Jesus sabia cuanto iba a suceder y estaba enterado de las calumnias y traiciones que iban a poner fin a su publico m iniste
rio en la tierra.
El piquete romano encargado de prender a Je
sus, siguio las instrucciones de Judas, y lo encontro en el huerto de Getsemani, donde solia tener
conferencias seer etas con Nicodemo, Mathaeli,
Filopoldi y Jose de Arimatea.
En el momento de prender los soldados a Jesus,
apresurose Jose de A rim atea a inform ar del suceso a sus amigos y discurrir la m anera de auxiliar
a Jesus. Consultado Pilatos, accedio a dem orar el
asunto h asta pasada la Pascua, pues recelaba que
hubiese habido algo ilegal y traicionero en lo ocu-
rrido, de lo que resultara comprometida su posi
tion oficial.
Si leemos entre lineas los antiguos relatos, se
infiere que Pilatos no obraba.movido por un sentimiento impersonal e inegoista en su trato con
Jesus.
La orden de prision determ inaba el inmediato
procesamiento, y Pilatos encontrd razones legales
p ara aplazar la vista de la causa sin despertar
recelos en los soldados romanos y favoreciendo asi
su interes personal.
Hubo quienes arrogandose la representation
de los judios, y otros como adictos al gobierno de
Roma, visitaron a Pilatos p ara pedirle que se cumpliese sin demora la orden del prefecto del emperador.
El decreto de prision incluia, desde luego, sentencia de m uerte p ara el caso en que el preso fue
se culpable de lo que se le acusaba.
Refieren las cronicas que las decisiones de los
tribunales o jueces inferiores, llegaron aquella misma noche a conocimiento de Pilatos, quien no encontro en ellas suficiente motivo p ara ejecutar la
sentencia de muerte.
Algunos relatos cristianos insinuan que en
casa de Pilatos habia ta l o cual discipulo de J e
sus; pero no vemos razon que apoye esta creencia
a no ser la de que Jesus habia curado a Pilatos
un tum or de la mano. Sin embargo, si todos los curados por Jesus hubieran de haber sido sus dis
cipulos, seguramente fueran tantos m illares que
nadie osara crucificarle.
No es raro que los avataras cayeran al golpe
del mismo brazo y la m isma mano que habian
sanado.
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