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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa
de lo cual, pretende contribuir a la atención de las necesidades sociales, culturales y educativas,
como bien plantea el Programa de la LIE (UPN, 2002a: 20), entonces, su traducción
institucional a estrategias de formación profesional, según pretende la UPN, en México,
no debe reducirse a la reproducción de los esquemas formativos disciplinarios preexistentes, tal cual ocurre con la “Orientación Educativa” –u Orientación Educacional,
como le denomina este programa de la UPN–, ni tampoco a tratar de subsanar los vacíos
escolarizados de los Sistemas Educativos actuales, conforme se propone con la
“Educación Inicial”, la “EPJA” y la “Gestión Educativa”, y menos aún a intentar
compensar las deficiencias socio-educativas emergentes de los contenidos curriculares,
con las propuestas de la “interculturalidad” e “inclusión social”, por ejemplo; pues,
según hemos analizado antes, tanto por su objeto de mediación, como por su ámbito de
actuación profesional, ésta no es equiparable a las clásicas estrategias de la intervención
docente, psicológica, social y/o administrativa, sino todo lo contrario, su acción excede
los marcos disciplinarios, institucionales y formativos tradicionales. De hecho, mientras
estas distintas formas de mediación profesional operan desde las prácticas
institucionales, con el propósito expreso de institucionalizar a los individuos, colectivos
y comunidades, por su parte, la intervención educativa actúa desde la dinámica propia
de las prácticas socio-culturales y, por ende, contribuye a la des-institucionalización y
des-escolarización de estos mismos agentes. Incluso, cuando acciona dentro de las
rígidas estructuras y dispositivos procedimentales del contexto institucional, bien sea a
nivel de la gestión educativa y el diseño curricular, o ya sea en la dimensión pedagógica
de las prácticas formativas y el mejoramiento de las interacciones escolares, su intención
fundamental es la introducción de la flexibilidad y dinamicidad que caracteriza a los
procesos socio-históricos de la época contemporánea.
En consecuencia, la formación profesional del interventor educativo requiere del
desarrollo de competencias interdisciplinarias que le permitan reconocer las áreas
estratégicas de mediación en los ámbitos específicos de interacción, intersección y/o
confluencia de las prácticas educativas institucionales, e institucionalizantes, y las
prácticas socio-culturales del actual contexto histórico. De esta manera, más que en la
transmisión de conocimientos, el fortalecimiento de los procesos de enseñanzaaprendizaje, la estimulación temprana, la orientación vocacional o psicológica, la
asesoría social y/o la administración educativa, funciones que corresponden a los
docentes, educadoras iniciales, pedagogos, trabajadores sociales y administradores
educativos, respectivamente, por su parte, las competencias del interventor educativo
deben centrarse en la gestión estratégica de los procesos socio-culturales, políticoeconómicos y lingüístico-comunicativos que prevalecen en su entorno concreto de
mediación profesional; en síntesis, el interventor educativo debe desempeñarse como un
gestor de sinergias societales en instituciones educativas tradicionales, en instituciones
de desarrollo social y en contextos comunitarios, expuesto en otras palabras, es el
profesionista cuya actuación interdisciplinaria posibilita la realización de las interrelaciones de feedback entre los procesos educativos formales, no formales e informales,
y las prácticas culturales contemporáneas. En esta perspectiva, el interventor educativo
no es un educador, por lo menos no en el sentido clásico del término, sino más bien
representa un cierto tipo de gestor de consensos socio-institucionales y del
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