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menos 40 personas más fueron
secuestradas, y otras fueron víctimas de
homicidio, en la misma zona.
El 23 de julio, durante una manifestación
pacífica de la minoría hazara en Kabul, un
ataque suicida —cuya autoría reivindicó el
grupo armado Estado Islámico— se cobró la
vida de al menos 80 personas e hirió a más
de 230.
El 12 de agosto, tres hombres armados
lanzaron un ataque contra la Universidad
Americana de Kabul, que se saldó con 12
personas muertas y casi 40 heridas, en su
mayoría estudiantes y personal docente.
Nadie reivindicó su autoría.
El 11 de octubre, el Estado Islámico lanzó
un ataque coordinado contra una multitud de
fieles congregados para conmemorar la
Ashura en una mezquita chií de Kabul. Los
agresores utilizaron material explosivo y,
según informes, tras irrumpir en la mezquita,
tomaron como rehenes a cientos de fieles. A
consecuencia de los disparos murieron al
menos 18 personas y más de 40 resultaron
heridas, entre ellas mujeres y niños.

VIOLENCIA CONTRA MUJERES Y NIÑAS
La judicatura afgana afirmó que había
registrado más de 3.700 casos de violencia
contra las mujeres y las niñas en los primeros
ocho meses de 2016. La Comisión
Independiente de Derechos Humanos de
Afganistán también informó de miles de
actos de violencia —entre ellos, palizas,
homicidios y ataques con ácido—
perpetrados por todo el país contra mujeres y
niñas durante la primera mitad del año.
En enero, un hombre cercenó la nariz de
su esposa, de 22 años, en Faryab. El acto
recibió la condena de todo el país, incluida la
de un portavoz talibán.
En julio, el esposo y los suegros de una
niña de 14 años embarazada, la quemaron
viva para castigar a su padre por fugarse con
una prima del marido. La niña murió cinco
días más tarde en un hospital de Kabul.
Hubo ataques de grupos armados a
mujeres que trabajaban de cara al público,
incluidas agentes de policía. Asimismo, en
las zonas bajo su control, restringieron la

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libertad de circulación de las mujeres y las
niñas, limitando su acceso a la educación y a
la atención médica.
La UNAMA informó de un incremento en
el número de mujeres que habían sido
castigadas en público, en aplicación de la ley
islámica, por los talibanes y por otros grupos
armados. Entre el 1 de enero y el 30 de
junio, la UNAMA documentó seis casos de
mujeres acusadas de los llamados delitos
“morales”, que habían sido castigadas en
virtud de sistemas de justicia paralelos: dos
de ellas fueron ejecutadas, mientras que las
otras cuatro fueron flageladas.

PERSONAS REFUGIADAS E
INTERNAMENTE DESPLAZADAS
Según el ACNUR, la agencia de la ONU para
los refugiados, había unos 2,6 millones de
personas refugiadas afganas viviendo
repartidas entre más de 70 países, y
constituían la segunda población refugiada
más numerosa del mundo. En torno al 95%
residían en sólo dos países, Irán y Pakistán,
donde sufrían discriminación y agresiones
racistas, carecían de servicios básicos y
corrían peligro de ser expulsados en masa.
Aproximadamente 1,4 millones de
personas refugiadas que vivían en Pakistán
corrían peligro de ser expulsadas en masa
del país, ya que al concluir el año su
inscripción en el registro podría dejar de
tener validez legal. Además, el ACNUR
calculaba que en Pakistán residían un millón
más de refugiados afganos indocumentados.
Según esta agencia, a lo largo del año
Pakistán había devuelto a más de 500.000
refugiados afganos (documentados e
indocumentados), lo que representaba la
cifra más alta desde 2002. Funcionarios del
ACNUR afirmaron que, durante los cuatro
primeros días de octubre, el número de
personas devueltas a Afganistán había
llegado a 5.000 al día. La situación se agravó
con la firma de un acuerdo entre el gobierno
afgano y la UE, el 5 de octubre, que permitía
a los Estados miembros de la UE devolver a
un número ilimitado de refugiados afganos.

Informe 2016/17 Amnistía Internacional