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obstáculos” de ayuda humanitaria en toda
Siria.
En las zonas que el gobierno sirio
controlaba o había recuperado, las fuerzas
de seguridad continuaron reprimiendo toda
oposición y detuvieron a miles de personas, a
muchas de ellas en condiciones de
desaparición forzada, pues negaban a sus
familias cualquier información sobre su
paradero, situación o suerte. La tortura y
otros malos tratos bajo custodia continuaron
siendo una práctica generalizada, que se
cobró numerosas vidas.
Los grupos armados que luchaban contra
el gobierno sirio y entre sí también
cometieron crímenes de guerra y otras
violaciones graves del derecho internacional.
El grupo armado autodenominado Estado
Islámico efectuó ataques directos contra
civiles en zonas de la capital, Damasco, en
poder del gobierno, por medio de atentados
suicidas con explosivos, y lanzó ataques con
posibles agentes químicos, asedió
localidades y cometió homicidios ilegítimos
en las zonas que controlaba. Otros grupos
armados bombardearon
indiscriminadamente con artillería zonas
controladas por el gobierno sirio o por las
fuerzas kurdas, matando e hiriendo a civiles.
Yemen, el país más pobre de Oriente
Medio, siguió inmerso en un conflicto
armado entre diversas fuerzas militares
yemeníes y extranjeras que continuaron
dando muestra de absoluto desprecio por las
vidas civiles, al efectuar ataques
indiscriminados con bombas, proyectiles de
artillería y otras armas poco precisas y atacar
directamente a civiles y estructuras civiles o
poner en peligro a la población civil
disparando desde zonas residenciales.
El grupo armado huzí y las unidades del
ejército leales al ex presidente yemení Alí
Abdulá Salé aliadas a él bombardearon
indiscriminadamente zonas de la ciudad de
Taiz, matando e hiriendo a civiles, e
impidieron la entrada de alimentos y
suministros médicos vitales, causando una
emergencia humanitaria. Los huzíes también
bombardearon indiscriminadamente con
artillería zonas civiles de Arabia Saudí.

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Mientras tanto, la coalición militar de fuerzas
de Estados árabes dirigida por Arabia Saudí
para restablecer el gobierno yemení
reconocido internacionalmente llevó a cabo
una despiadada campaña de bombardeos
aéreos contra zonas controladas o disputadas
por los huzíes y sus aliados, matando e
hiriendo a miles de civiles. Muchos de los
ataques fueron indiscriminados o
desproporcionados; otros fueron, al parecer,
lanzados directamente contra civiles y bienes
civiles, como escuelas y mercados. Los
bombardeos aéreos alcanzaron hospitales en
reiteradas ocasiones. Algunos de los ataques
de la coalición constituyeron crímenes de
guerra. La ONU informó de que, al concluir
el año, más de 2 millones de niños y niñas
de Yemen sufrían malnutrición aguda y 18,8
millones de personas necesitaban asistencia
humanitaria o protección.
Mientras tanto, cientos de miles de civiles
seguían atrapados en medio del conflicto
armado de Irak. Las fuerzas
gubernamentales iraquíes —integradas en su
mayoría por milicias paramilitares chiíes y
combatientes tribales suníes— y las fuerzas
del Gobierno Regional del Kurdistán,
respaldadas por bombardeos aéreos y otras
formas de apoyo militar de una coalición
internacional dirigida por Estados Unidos,
recuperaron Faluya y otras ciudades
controladas por el Estado Islámico. Al
finalizar el año, las partes en el conflicto
libraban una ofensiva encaminada a expulsar
a las fuerzas del Estado Islámico de Mosul, la
segunda ciudad más grande de Irak. Todos
los bandos cometieron atrocidades. Las
fuerzas gubernamentales y las milicias
paramilitares aliadas a ellas perpetraron
crímenes de guerra y otras violaciones del
derecho internacional humanitario y del
derecho internacional de los derechos
humanos, principalmente contra miembros
de la comunidad árabe suní, como
ejecuciones extrajudiciales y otros homicidios
ilegítimos, tortura y destrucción deliberada de
viviendas civiles. Sometieron a cientos de
hombres y niños a desaparición forzada y no
tomaron ninguna medida para esclarecer la
suerte y el paradero de miles más que

Informe 2016/17 Amnistía Internacional