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PERSPECTIVA
REGIONAL:
ORIENTE MEDIO Y
NORTE DE ÁFRICA
Durante 2016, millones de personas de
Oriente Medio y el Norte de África vieron sus
vidas sumidas en la confusión, el sufrimiento
extremo y la tragedia y perdieron sus hogares
y medios de subsistencia como
consecuencia de la implacable represión del
Estado y de persistentes conflictos armados
caracterizados por espantosos crímenes y
abusos cometidos por todos los bandos. Tan
intensa fue la crisis política y de los derechos
humanos que decenas de miles de
habitantes de la región prefirieron jugarse la
vida en arriesgados intentos de cruzar el mar
Mediterráneo antes que quedarse en ella. En
Siria, más de cinco años de combates habían
dado lugar a la mayor crisis humanitaria
causada por el ser humano en la época
actual, y los conflictos armados de Irán, Libia
y Yemen también se estaban cobrando
incontables víctimas entre la población civil.
Los conflictos armados y la represión
aprovecharon y exacerbaron fisuras que
existían desde hacía tiempo para aumentar la
polarización política y religiosa, debilitando
aún más el respeto a los derechos humanos.

CONFLICTOS ARMADOS
Las consecuencias humanas de más de
cinco años de conflicto en Siria fueron, lisa y
llanamente, incalculables. No había ninguna
fórmula clara o evidente que sirviera para
evaluar la escala y dimensiones reales del
sufrimiento causado a la población siria: las
personas muertas y heridas, la devastación y
el desarraigo de familias y medios de
subsistencia, o la destrucción de viviendas,
bienes, lugares históricos y religiosos, y
símbolos culturales. Sólo las estadísticas en
bruto del número de personas muertas o
desplazadas y las imágenes de la destrucción
en ciudades como Alepo brindaban alguna

Informe 2016/17 Amnistía Internacional

indicación de la enormidad de la escala e
intensidad de la crisis. Al concluir el año, el
conflicto había causado la muerte de más de
300.000 personas y el desplazamiento
forzado de más de 11 millones, de las que
6,6 millones estaban desplazadas
internamente y 4,8 habían huido a otros
países en busca de refugio. Todas las fuerzas
implicadas en el conflicto continuaron
cometiendo crímenes de guerra y otras
violaciones del derecho internacional
humanitario, menospreciando de forma
flagrante la obligación de todas las partes de
proteger a la población civil.
Las fuerzas del gobierno sirio efectuaron
reiterados ataques indiscriminados, lanzando
bombas de barril y otros explosivos y
disparando proyectiles de artillería poco
precisos contra zonas residenciales civiles
controladas por combatientes de la
oposición. También continuaron poniendo
sitio a estas zonas, causando aún más
muertes de civiles por la falta de alimentos y
medicinas adecuados. Las fuerzas
gubernamentales también lanzaron ataques
directos contra civiles y bienes de carácter
civil, bombardeando implacablemente
hospitales y otros centros médicos y, al
menos en una ocasión, atacando
aparentemente un convoy de ayuda
humanitaria de la ONU. Las fuerzas rusas
aliadas del gobierno sirio siguieron realizando
ataques aéreos contra zonas en poder de la
oposición, causando miles de muertos y
heridos civiles y destruyendo viviendas e
infraestructuras de carácter civil. Al concluir
el año, el conflicto parecía haber llegado a
una fase decisiva, después de que las
fuerzas gubernamentales y sus aliados
arrebataran el control de la ciudad de Alepo
a las fuerzas de la oposición. En diciembre,
un acuerdo de alto el fuego entre el gobierno
y algunas fuerzas de la oposición, alcanzado
bajo los auspicios de Rusia y Turquía, pareció
abrir el camino a nuevas conversaciones de
paz, y el Consejo de Seguridad de la ONU
reiteró unánimemente su llamamiento a
todas las partes en el conflicto para que
permitieran la entrega “rápida, segura y sin

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