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2015, los Estados miembros de la UE
estaban decididos a reducir drásticamente su
número en 2016. Y lo consiguieron, pero
haciéndoles pagar —completamente a
sabiendas— un precio considerable en
términos de sus derechos y su bienestar.
Al final de diciembre, unas 358.000
personas refugiadas y migrantes habían
conseguido culminar su viaje a Europa.
Aumentó levemente el número de personas
que tomaron la ruta del Mediterráneo central
(hasta unas 170.000), pero las llegadas a las
islas griegas experimentaron un acusado
descenso (de 854.000 a 173.000), debido
casi exclusivamente al acuerdo de control
migratorio entre la UE y Turquía firmado en
marzo. La Organización Internacional para
las Migraciones calculó que 5.000 personas
habían perecido en el mar, un número récord
en comparación con las 3.700 del año
anterior.
La respuesta emblemática de la UE a la
llamada “crisis de refugiados” fue el acuerdo
con Turquía. Se ofrecieron 6.000 millones de
euros a este país para que patrullara su litoral
y aceptara la devolución de solicitantes de
asilo que hubieran conseguido llegar a las
islas griegas. El acuerdo se basaba en la
premisa falsa de que Turquía ofrecía a
quienes solicitaban asilo todas las garantías
de protección que tendrían en la UE. Con un
sistema de asilo que apenas funcionaba y
casi tres millones de personas refugiadas
sirias que ya atravesaban dificultades para
salir adelante en Turquía, tal argumento era
prueba de que la UE estaba dispuesta a
pasar por alto los derechos y medios de vida
de las personas refugiadas para conseguir
sus fines políticos.
Aunque el ritmo de llegadas descendió
hasta unos pocos miles al mes por término
medio, continuó poniendo gravemente a
prueba la capacidad de acogida de las islas
griegas. Al concluir el año había alrededor de
12.000 personas refugiadas y solicitantes de
asilo atrapadas en ellas, viviendo en centros
improvisados donde soportaban condiciones
de hacinamiento, falta de higiene y peligro
cada vez peores. La precariedad de las
condiciones desencadenó periódicamente
Informe 2016/17 Amnistía Internacional
disturbios en los campos de acogida, algunos
de los cuales también sufrieron ataques de
residentes locales acusados de vinculación
con grupos ultraderechistas. Las condiciones
de vida de unas 50.000 personas refugiadas
y migrantes en territorio continental griego
apenas eran mejores. Al final del año, la
mayoría había encontrado refugio en centros
oficiales de acogida. Sin embargo, casi todos
estos centros consistían en tiendas de
campaña y almacenes abandonados y no
eran aptos para residir en ellos más de unos
días.
Al final del año, el acuerdo entre la UE y
Turquía, aunque continuaba en vigor, parecía
cada vez más endeble. Sin embargo, para
entonces resultaba ya evidente que sólo era
la primera línea de defensa. La segunda
iniciativa para impedir llegadas a Europa fue
el cierre en marzo de la ruta de los Balcanes
al norte de Grecia. Se persuadió a Macedonia
y a los países balcánicos que formaban parte
de la ruta para que mantuvieran cerradas sus
fronteras con la ayuda de guardias de
fronteras de diversos países europeos. La
medida fue promovida inicialmente por el
primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y
adoptada después por Austria. Para muchos
dirigentes de la UE, la terrible situación de
las personas refugiadas atrapadas en Grecia
era claramente un precio asumible para
disuadir a otras de que vinieran.
La insolidaridad con las personas
refugiadas y con otros Estados miembros
caracterizó las políticas migratorias de la
mayoría de los países de la UE, que sólo
hicieron planes conjuntos para restringir la
entrada y acelerar las devoluciones. Prueba
de ello fue el fracaso del emblemático
programa de reubicación de la UE. Adoptado
por los jefes de Estado de la UE en
septiembre para repartir la responsabilidad
de recibir al gran número de personas
refugiadas, que llegaban sólo a un reducido
número de países, el programa preveía la
reubicación de 120.000 personas en toda la
UE desde Italia, Grecia y Hungría en el plazo
de dos años. Cuando Hungría rechazó el
programa, pensando que era mejor solución
cerrar sin más sus fronteras, su cuota se
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