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de derechos humanos, entre ellas homicidios
selectivos y ataques incluso contra personal
de ayuda humanitaria. La Misión de la ONU
en Sudán del Sur (UNMISS) recibió críticas
por no haber protegido a la población civil
durante los combates. No se aplicó una
resolución del Consejo de Seguridad de la
ONU para establecer una fuerza de
protección regional. El asesor especial de la
ONU sobre la Prevención del Genocidio y la
Comisión de la ONU sobre los Derechos
Humanos en Sudán del Sur alertaron de que
se estaban creando las condiciones para un
genocidio.
En República Centroafricana, pese a las
elecciones pacíficas de diciembre de 2015 y
febrero de 2016 la situación de seguridad se
deterioró durante el año y amenazó con
sumir al país en más violencia letal. Hubo
grupos armados que llevaron a cabo
numerosos ataques, y, el 12 de octubre,
combatientes que habían formado parte de al
menos dos facciones diferentes de Seleka
mataron al menos a 37 civiles, hirieron a 60
e incendiaron un campo para personas
internamente desplazadas en Kaga-Bandoro.
Sin embargo, a pesar del derramamiento
de sangre y el sufrimiento, la atención del
mundo se alejó aún más si cabe de los
conflictos de África. La respuesta de la
comunidad internacional a los conflictos de
este continente fue, a todas luces,
lamentablemente insuficiente, como pusieron
de manifiesto el hecho de que el Consejo de
Seguridad de la ONU no impusiera sanciones
a Sudán del Sur y la insuficiente capacidad
de las operaciones de mantenimiento de la
paz para proteger a la población civil en
República Centroafricana, Sudán y Sudán del
Sur. El Consejo de Seguridad de la ONU y el
Consejo de Paz y Seguridad de la Unión
Africana (UA), entre otros actores, apenas
tomaron medidas para presionar al gobierno
de Sudán a fin de que permitiera el acceso
de la ayuda humanitaria e investigara las
denuncias de abusos y violaciones graves de
derechos humanos. La respuesta de la UA a
los crímenes de derecho internacional y otros
abusos y violaciones graves de derechos
humanos cometidos en el contexto de
Informe 2016/17 Amnistía Internacional
conflictos y crisis continuó siendo
principalmente lenta, irregular y pasiva, y no
formaba parte de una estrategia integral y
sistemática.
PERSONAS EN MOVIMIENTO
Los conflictos de África —especialmente en
Camerún, Chad, Malí, Níger, Nigeria,
República Centroafricana, Somalia, Sudán y
Sudán del Sur— siguieron siendo los
principales desencadenantes de la crisis
mundial de refugiados y del desplazamiento
interno de personas dentro de las fronteras.
Millones de mujeres, hombres y niños y
niñas siguieron sin poder regresar a sus
casas o se vieron obligados a huir hacia
peligros desconocidos y futuros inciertos a
causa de nuevas amenazas.
La mayoría de los cientos de miles de
personas refugiadas y migrantes que viajaron
a Libia huyendo de la guerra, la persecución
o la pobreza extrema, a menudo con la
esperanza de atravesar el país para asentarse
en Europa, procedían del África
subsahariana. Las investigaciones de
Amnistía Internacional revelaron terribles
abusos contra los derechos humanos, entre
ellos violencia sexual, homicidios, tortura y
persecución religiosa, a lo largo de las rutas
de tráfico ilícito de personas que conducían a
Libia o la atravesaban.
En el norte de Nigeria continuaba
habiendo al menos dos millones de personas
internamente desplazadas; vivían en
comunidades de acogida y, en algunos
casos, en campos abarrotados y sin acceso
suficiente a alimentos, agua y servicios de
saneamiento. Había decenas de miles de
personas internamente desplazadas
recluidas en campos bajo la vigilancia
armada del ejército y la Fuerza Civil Especial
Conjunta, que fueron acusados de explotar
sexualmente a mujeres.
Miles de personas murieron en estos
campos a causa de desnutrición grave.
Cientos de miles de personas procedentes
de Libia, Nigeria, República Centroafricana y
Sudán seguían viviendo en condiciones
precarias en campos de refugiados de Chad.
Según la ONU, más de 300.000 personas
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