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PERSPECTIVA
REGIONAL: ÁFRICA
En 2016 barrieron el continente protestas
masivas, movimientos y movilizaciones que a
menudo se articularon y organizaron a través
de las redes sociales. Manifestantes y
defensores y defensoras de los derechos
humanos se alzaron reiteradamente contra la
represión de formas inspiradoras, y
campañas como #oromoprotests (Protestas
de Oromo) y #amaharaprotests (Protestas de
Amahara) en Etiopía,
#EnforcedDisappearancesKE
(Desapariciones forzadas Kenia) en Kenia,
#ThisFlag (Esta bandera) en Zimbabue y
#FeesMustFall (Fuera tasas) en Sudáfrica
constituyeron imágenes emblemáticas del
año.
Habida cuenta del largo historial de
represión y su magnitud, algunas de las
protestas —como las de Etiopía y Gambia—
habrían sido inimaginables tan sólo un año
antes. A menudo, las demandas de cambio,
inclusión y libertad fueron espontáneas,
virales y estuvieron impulsadas por
ciudadanos y ciudadanas corrientes,
especialmente personas jóvenes que
soportaban la triple carga del desempleo, la
pobreza y la desigualdad. Aunque en su
origen las protestas fueron mayoritariamente
pacíficas, en algunas terminó por haber
elementos violentos, a menudo en reacción a
la dura represión por las autoridades y a la
falta de espacios para que la gente expresara
sus opiniones y se organizara.
Esta tendencia a desarrollar resiliencia y el
debilitamiento de la política del miedo abrían
una puerta a la esperanza. Haciendo caso
omiso de las amenazas y la prohibición de
protestar, y negándose a retroceder ante las
brutales medidas de represión, la población
salió a la calle en masa para expresar su
opinión y reivindicar sus derechos mediante
actos solidarios, boicots y un uso amplio y
creativo de las redes sociales.
Pese a las historias de valor y resiliencia, la
represión de las protestas pacíficas alcanzó

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nuevos máximos y se observaron escasos o
nulos avances en la tarea de abordar los
factores subyacentes al descontento
ciudadano masivo.
Se reprimió brutalmente la disidencia,
como puso de manifiesto la constante
generalizada de ataques contra
manifestaciones pacíficas y contra el derecho
a la libertad de expresión. Se siguió
persiguiendo y agrediendo a defensores y
defensoras de los derechos humanos,
periodistas y opositores políticos. La
población civil continuó sufriendo las peores
consecuencias de los conflictos armados,
que se caracterizaron por violaciones del
derecho internacional persistentes y a gran
escala. Prácticamente continuó sin abordarse
la impunidad por los crímenes de derecho
internacional y las violaciones graves de
derechos humanos, y quedaba mucho por
hacer para abordar la discriminación y la
marginación de las personas en situación de
mayor vulnerabilidad, entre ellas las mujeres,
los niños y niñas y las personas lesbianas,
gays, bisexuales, transgénero e intersexuales
(LGBTI).

REPRESIÓN DE PROTESTAS PACÍFICAS
Durante el año hubo una constante
generalizada de represión violenta y arbitraria
de las concentraciones y las protestas —
caracterizada por prohibiciones de protestas,
detenciones arbitrarias, reclusiones, palizas y
homicidios— en una larga lista de países
entre los que figuraban Angola, Benín,
Burundi, Camerún, Chad, Costa de Marfil,
Etiopía, Gambia, Guinea, Guinea Ecuatorial,
Malí, Nigeria, República Democrática del
Congo, Sierra Leona, Sudáfrica, Sudán, Togo
y Zimbabue.
Las fuerzas de seguridad etíopes, por
ejemplo, utilizaron sistemáticamente fuerza
excesiva para dispersar las protestas
mayoritariamente pacíficas iniciadas en
Oromia en noviembre de 2015 que se
intensificaron y extendieron a otras partes del
país, especialmente la región de Amhara. Las
fuerzas de seguridad reprimieron
brutalmente las protestas, incluso con
munición real, lo que causó la muerte de

Informe 2016/17 Amnistía Internacional