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buscaron respuestas en los derechos
humanos. Sin embargo, la desigualdad y el
abandono que habían dado pie a la ira y la
frustración populares eran en parte fruto de
la inacción de los Estados a la hora de hacer
efectivos los derechos económicos, sociales y
culturales de su ciudadanía.
El relato de 2016 ha sido en cierto modo el
relato del coraje, la resiliencia, la creatividad
y la determinación de la gente ante enormes
desafíos y amenazas.
En todas las regiones del mundo quedó de
manifiesto que, cuando las estructuras
formales de poder se usan para reprimir, la
gente encuentra vías para alzarse y hacerse
oír. En China, a pesar del hostigamiento y la
intimidación sistemáticos, hubo activistas
que hallaron formas subversivas de
conmemorar en Internet el aniversario de la
represión de 1989 en la plaza de Tiananmen.
En los Juegos Olímpicos de Río, el corredor
de maratón etíope Feyisa Lilesa llegó a los
titulares de todo el mundo cuando, al cruzar
la línea de meta para alzarse con la medalla
de plata, hizo un gesto para llamar la
atención sobre la persecución
gubernamental del pueblo oromo. Y en las
costas europeas del Mediterráneo,
voluntarios y voluntarias respondieron a la
inercia y la pasividad de los gobiernos para
proteger a las personas refugiadas sacando
literalmente del agua a quienes se estaban
ahogando. Los movimientos populares de
África —algunos impensables sólo un año
antes— galvanizaron y encauzaron las
demandas populares de derechos y justicia.
En realidad, la justificación de que los
derechos humanos son un proyecto de las
élites suena falsa. Las ansias de libertad y
justicia de las personas no se desvanecen sin
más. En un año caracterizado por la división
y la deshumanización, las acciones de
particulares por reafirmar la humanidad y la
dignidad fundamental de todas las personas
brillaron más que nunca. La personificación
de esta respuesta compasiva fue el joven de
24 años Anas al Basha, conocido como el
“payaso de Alepo”, que decidió quedarse en
la ciudad para llevar consuelo y alegría a los
niños y niñas incluso después de que las
Informe 2016/17 Amnistía Internacional
fuerzas del gobierno desencadenaran un
terrible bombardeo. Tras su muerte en un
ataque aéreo el 29 de noviembre, su
hermano le rindió homenaje por haber hecho
felices a los niños y las niñas en “el lugar
más sombrío y más peligroso”.
Al empezar 2017, el mundo parece un
lugar inestable, y se multiplica el miedo al
futuro. Pero es en estas épocas cuando
hacen falta voces valientes, héroes corrientes
que se alcen contra la injusticia y la
represión. Nadie puede abarcar el mundo
entero, pero cada persona puede cambiar su
propio mundo. Cualquiera puede luchar
contra la deshumanización, actuando
localmente para reconocer la dignidad y los
derechos iguales e inalienables de todas las
personas, y sentar así las bases de la libertad
y la justicia en el mundo. 2017 necesita
héroes, héroes de los derechos humanos.
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