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de Economía de la Nación a punto de dar unas explicaciones y que van a
derivar en un cruce con uno de los senadores radicales más representativos,
sobre formas de administrar la república y, posteriormente, cuestiones
personales en relación a la ocupación de cargos políticos en el pasado. Puedo
quedarme en mi departamento mirando televisión, a la mayoría de los
senadores sentados en sillones lujosos como de living familiar y darme cuenta,
transcurridos los primeros minutos, que lo que estoy viendo en realidad no es
un acontecimiento en sentido periodístico sino una serie de mensajes dirigidos
en primera instancia a la sociedad, pero pasados por un filtro personal, de
relación personal entre un Ministro y un Senador, que hacen de la política un
espectáculo televisivo, mensajes que no se presentan como un debate sino
como una publicitada comunicación privada. Esta transmisión maratónica
resulta un aliciente efectivo a la falta de voluntad para escribir o pensar en
cualquier tipo de actividad que pase afuera de mi departamento. Entonces,
después de tres horas de sesión televisada, de grandes espacios vacíos
difíciles de ver (de moderaciones oficiales y discursos vacuos), el Senador pide
la palabra y habla de planes de cooperativas como una estrategia
gubernamental para reclutar un “ejército de rehenes” y amenaza con una
denuncia penal por la firma del Ministro en un Decreto de Necesidad y
Urgencia para un “Fondo de Desendeudamiento”. Entonces el Ministro justifica
el uso de reservas del Banco Central para pagar deuda pública y también el de
un decreto en lugar de un proyecto de ley y le recuerda al Senador aquel
helicóptero que se fue volando sobre la Casa de Gobierno hace casi diez años,
mientras en las calles había un estallido social justamente por políticas
implementadas en la gestión a la que pertenecía en aquel momento el presente
Senador: medidas de control del gasto público y congelamiento de los
depósitos bancarios que terminaron con treinta y nueve muertos. A raíz de esto
último me veo en la necesidad de restablecer la dimensión pública del
acontecimiento político, ya que ese cruce, recibido en mi ámbito privado, al
estar cargado de cuestiones personales requiere de un trabajo que de cuenta
de los intereses comunes que están en juego. Y me resulta complicado
delimitar claramente los márgenes de cada esfera a tal punto que llego a una
conclusión defectuosa, en donde no puedo distinguir si mi habitación es una
prolongación oscura del Senado o si el recinto donde están los senadores
cómodamente sentados es una prolongación luminosa de mi departamento del
fonavi.
//
El televisor queda prendido incluso cuando no hay más programación y la única
función que cumple en la noche cerrada es la de proporcionar una luz
relativamente blanca en mi departamento vacío.
//
Cuando vino Ulises en plena madrugada yo estaba doblado sobre la cama con
un dolor en la boca del estómago que me parecía totalmente nuevo, una forma
seca de dolor. Antes había estado soñando: me había ido a Bellocq, había
vuelto a ese pueblo perdido en la llanura bonaerense y después de haberme
encontrado con Matías habíamos hecho un recorrido por los lugares más

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