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APLICAR EL ZOOM QUE PERMITE EL PROCESADOR Y VER QUÉ DIBUJA
EL TEXTO EN SUS ESPACIOS BLANCOS, LOS CAMINOS BLANCOS QUE
SE GENERAN ENTRE LAS PALABRAS. En la página uno hay una persona
mirando para abajo, en la página dos hay una mancha en la piel y así
sucesivamente.
Los espacios públicos centrales de las ciudades medianas o grandes, más allá
de los cordones periféricos, contienen a la persona pobre. Es una presencia
irrevocable por la amplitud de la base de la pirámide social. Efectivamente en
ese amplio perímetro aparece un grupo disímil condensado en un mismo color,
pensando en términos de referencias en una página censal. Esta homologación
puede ser nefasta en algunos casos o liberadora en otros. Si la persona pobre
no tiene más ambiciones que la de producir un texto que llegue al fondo de
determinadas cosas en la privacidad de su departamento entonces esa
homologación puede servirle para ver el flujo de la ciudad, la corriente continua
del sistema funcionando, desde un lugar que pasa precisamente por afuera de
ese flujo. Esto, dependiendo de la persona pobre, puede servirle o no para
llegar al fondo de determinadas cuestiones. Un kiosco de revistas en una calle
del centro es también flujo de información condensada. Todos los días la
estructura estética, marcada por la azarosa distribución de las noticias en las
páginas, los encabezados de los diarios y revistas en relación con la foto de
tapa, los titulares y copetes ordenados con la lógica del marketing, los colores
característicos de cada editorial con sus tipografías reconocibles en primera
instancia, los ejemplares de La Nación en el margen inferior derecho,
Página/12 en el superior izquierdo, la revista Noticias en el centro, toda esta
distribución que difiere en cada kiosco es también un río de información
cambiante. Una persona pobre, sin otra ambición que la de llegar al fondo de
las cosas a través de una producción escrita, puede invertir el día entero, pasar
todo un día enfrente de uno de los tantos kioscos de revistas del centro sin
hacer nada o simulándolo hacer además de leer esa estructura estética, aquel
flujo volátil, en definitiva, como lo que es: un sistema de signos complejo,
significante en sí mismo más allá del contenido semántico de las impresiones
periódicas. Un sistema que desde una superficie vana y colorida, desde
simetrías generadas a través de grandes acumulaciones o ausencia de color,
equilibrios y discontinuidades, puede conducir a un entendimiento profundo e
imperecedero que va más allá de los contingentes sucesos políticos,
económicos, culturales, deportivos y sociales de un día determinado.
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Podía tener la cabeza como un biombo, cada mañana o cada noche, cuando
volvía de la villa o me levantaba en mi departamento apenas amueblado y no
me importaba porque la producción de un texto que llegase al fondo de las
cosas ni siquiera era una posibilidad. Se trataba, más bien, de hacer lo que
tenía que hacer, de frecuentar los lugares que tenía que frecuentar,
obligadamente, cumpliendo mi rol de la manera más operativa, tratando de no
complicar ninguno de los desarrollos posibles, sobre todo porque gran parte del
tiempo lo pasaba en un lugar que no era el mío, rodeado de personas que
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