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húmeda.
Deben ponerla sobre la tierra, en la dirección de los cuatro puntos cardinales, y verter
sobre ella agua una vez; entonces queda pura.
Deben, en lo que afecta a la madera seca, y en lo que afecta a la madera húmeda,
Y en lo que atañe a la madera dura, colocarla sobre la tierra, en dirección hacia los cuatro
rincones cardinales, regarla una vez con agua, y en seguida queda pura.»
Creador, ¿cómo es preciso purificar los granos y los forrajes, ¡oh puro Ahura-Mazda!
sobre los cuales el cadáver de un perro o de un hombre ha sido llevado?
Ahura-Mazda respondió: «Es purificado, ¡oh puro Zarathustra!
De esta manera:
Cuando este cadáver no ha sido aún destrozado por los perros o por las aves de presa,
Deben tomar de estas cosas la longitud de un frarathné, si están secos; o la longitud de
un frabaza, si están húmedos, ponerlos sobre la tierra, en la dirección de los cuatro rincones
cardinales, regarlos una vez con agua, y al punto quedarán puros.
Pero si el cadáver ha sido ya destrozado por los perros o por las aves de presa,
Deben tomar como la longitud de una frabaza, si están secos; la longitud de un vibaza, si
están húmedos,
Colocarlos en tierra en dirección a los cuatro rincones cardinales, regarlos una vez con
agua, y al punto quedarán puros.
Lo mismo es preciso hacer para los frutos secos y para aquellos que son húmedos, para
los que son cultivados y para los que no lo son; para los que son cortados y para los que no
son cortados; para los que tienen cascarón y para los que no tienen cascarón.»
Creador, si los mazdayasnas se hacen médicos, ¿A quiénes deben curar los primeros, a
los daevayasnas o a los mazdayasnas?
Ahura-Mazda respondió: «Deben tratar de curar a los daevayasnas antes que a los
mazdayasnas.
Si el médico trata por primera vez a un daevayasna y éste muere, y luego, por segunda
vez, a otro daevayasna y éste muere también, y aun por tercera vez a otro daevayasna, que
también muere, incapaz será ya jamás de curar.
No debe, pues, intentar ya nunca curar a un mazdayasna, no debe ocuparse de los
mazdayasnas, ni hacer con ellos operaciones.
Si intenta algo con los mazdayasnas, si los trata, si practica en ellos alguna operación,
debe expiar las heridas de los heridos, sufriendo la pena del Baodho-Versta.
Si opera por la primera vez a un daevayasna, y éste sale de la operación; si la segunda
vez opera también a un daevayasna, y éste se salva; si la tercera vez que opera es a otro
daevayasna, y también tiene acierto, entonces ya siempre podrá ejercer su arte.
Y ya podrá tratar como quiera a los mazdayasnas. Podrá, sí, a su voluntad, curar a los
mazdayasnas operándolos. Y los mazdayasnas pueden, si les place, recurrir a él.
Que cure a un sacerdote a cambio de una piadosa bendición.
Que cure al jefe de una casa, por el precio de un pequeño animal de ordeñe.
Que cure al jefe de una aldea, por el precio de una bestia de tiro de talla mediana.
Que cure al jefe de una ciudad, por el precio de una bestia de tiro de gran talla.
Que cure al jefe de una provincia, por el precio de una yunta de bueyes.
Cuando cura a la mujer del propietario de una casa, que una burra sea su recompensa.
Cuando cure a la mujer de un jefe de aldea, que una vaca sea su recompensa.
Cuando cure a la mujer de un jefe de ciudad, que una yegua sea su recompensa.
Cuando cure a la mujer de un jefe de provincia, que una camella sea su recompensa.
Que cure a un hijo del jefe de una aldea, por el precio de un animal de ordeñe de gran
talla.
Que cure a un animal de ordeñe de gran talla, por el precio de otro mediano.
Que cure a uno mediano por el precio de un pequeño.
Que cure a un pequeño animal de ordeñe por el precio de un animal de caza.