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Si un gran número de médicos se reúnen, ¡oh santo Zarathustra!
Médicos con cuchillo, médicos con plantas, médicos con palabras de bendición, aquel de
entre ellos que cura mejor es el que emplea como medio de curación el Manthra-Spenta.»
(Este versículo, tal cual le dan los manuscritos, está tan desprovisto de sentido que no
suele traducirse.)
Creador, ¿cuánto tiempo, cuando el muerto yace en tierra expuesto a la luz y a las
miradas del Sol, la tierra permanece pura?
Ahura-Mazda respondió: «El muerto puede permanecer yaciendo sobre la tierra, expuesto
a la luz y a las miradas del Sol, sin que la tierra deje de ser pura.»
Creador, ¿cuánto tiempo el cuerpo de un hombre puede permanecer sepultado en la
tierra, hasta que la tierra sea pura?
Ahura-Mazda respondió: «El cuerpo de un hombre, ¡oh santo Zarathustra! puede
permanecer cincuenta años en la tierra, hasta que ésta sea pura.»
Creador, ¿cuánto tiempo los cadáveres de los hombres pueden ser expuestos sobre los
Dakhamas, hasta que la tierra sea pura?
Ahura-Mazda respondió: «No es pura, ¡oh Zarathustra! sino después que este polvo se ha
mezclado.
Anima, ¡oh santo Zarathustra!, a todo hombre en el Mundo dotado de cuerpo a destruir
estos Dakhmas.
Aquel que destruye estos Dakhmas tanto cuanto es capaz, expía en pensamientos,
palabras y actos, todos los pecados que puede haber cometido en pensamientos, en palabras
y en actos.
Las dos potencias celestes no entrarán en combate a causa de este hombre, el día de su
marcha hacia el Paraíso.
Las estrellas, la Luna y el Sol le alaban, ¡oh Zarathustra!
Y yo le alabo, yo que soy Zarathustra, el creador, diciendo:
¡Salve a ti, hombre que has venido de las regiones perecederas o de las imperecederas!»
Creador, ¿dónde están los Daevas, dónde están los adoradores de los Daevas, dónde
está el lugar al que los Daevas acuden, dónde el lugar en el que los Daevas se reunen, al que
llegan de cincuenta lados, de cien lados, de mil lados, de diez mil lados, de un número infinito
de lados?
Ahura-Mazda respondió «En estos Dakhmas que son levantados sobre el suelo (que
podría ser mejor empleado), donde son colocados los cadáveres de los hombres, ¡oh santo
Zarathustra!
Allí están los Daevas, allí están los adoradores de los Daevas, allí el lugar al que los
Daevas acuden, allí el lugar en que los Daevas se reúnen, de diez mil lados, de un número
infinito de lados.
Los Daevas se reúnen, ¡oh santo Zarathustra!, en torno a los Dakhmas, y allí se acoplan.
Cuando en el Mundo de los seres dotados de cuerpo, coméis, ¡oh hombres! alimentos
preparados y carne cocida, encontráis placer, ¡oh hombres!, en aquello que coméis.
Así mismo la alegría de los Daevas es grande, cuando se apoderan de los cuerpos
entregados a la putrefacción.
Pues en estos Dakhmas reside la descomposición, la enfermedad, la impureza, la fiebre,
el estremecimiento.
En estos Dakhmas, los hombres están más expuestos que nunca a la muerte.
Según el Hufrashmo-Daiti, los que tienen poco miedo del juicio no producen envidia a los
que tienen mucho.
Á Jannaya incumbe la tercera parte de esta descomposición, con los ríñones, las manos y
el gaesus» .
Creador, si en esta mansión de los mazdayasnas una mujer se queda encinta y, al cabo
de un mes, de dos, de tres, de cuatro, de cinco, seis, siete, ocho, nueve o diez meses, la mujer
trae al Mundo, no un niño, sino algo privado de vida, ¿Cómo los mazdayasnas deben obrar?
