Marqués de Sade Justine.pdf

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tanto que existe un Dios, ese Dios merece un culto, y la base principal de ese
culto es incontestablemente la virtud.
De estas primeras verdades, yo deducía fácilmente las demás, y Rosalie,
deísta, no tardó en ser cristiana. Pero ¿qué medio, repito, para añadir un poco
de prác tica a la moral? Rosalie, obligada a obedecer a su padre, ya no podía
hacerlo sin mostrar repugnancia, y, con un hombre como Rodin, ¿no podía ser
eso peligroso? Era intratable; ninguno de mis razonamientos se sostenía contra
él, pero, si bien yo no conseguía convencerle, por lo menos no me quebrantaba.
Sin embargo, una escuela semejante, unos peligros tan permanentes y tan
reales, me hicieron temblar por Rosalie, hasta el punto que no me creí nada
culpable comprometiéndola a escapar de esa casa perversa. Me parecía que
existía un menor daño en arrancarla del seno de su incestuoso padre que en
dejarla al arbitrio de todos los riesgos que podía correr. Ya había abordado
ligeramente esta materia, y puede que no estuviera muy lejos de conseguirlo
cuando, de repente, Rosalie desapareció de la casa, sin que me fuera posible
saber su paradero. Interrogué a las mujeres de la casa, o al propio Rodin; y me
aseguraron que había ido a pasar el verano a casa de una parienta, a diez
leguas de allí. Me informé en la vecindad, donde primero se asombraron ante
semejante pregunta hecha por alguien de la casa, y luego me contestaron lo
mismo que Rodin y sus criadas: la habían visto, la habían abrazado la víspera, el
mismo día de su partida; y en todas partes recibía las mismas respuestas.
Cuando preguntaba a Rodin por qué me había sido ocultada esta partida, por
qué no había seguido a mi ama, me aseguraba que la única razón había sido
evitar una escena dolorosa para ambas, y que seguramente no tardaría en ver a
la que amaba. Tuve que conformarme con estas respuestas, pero convencerme
era más difícil. ¿Era presumible que Rosalie, Rosalie que me quería tanto,
hubiera consentido en abandonarme sin decirme una palabra? Y, a partir de lo
que yo sabía del carácter de Rodin, ¿no había que temer por la suerte de la
desdichada? Así que decidí ponerlo todo en práctica para saber qué había sido
de ella, y para conseguirlo todos los medios me parecieron buenos.
