Marqués de Sade Justine.pdf

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multitud de otras lesiones con que carga a su vez a aquellos de los que ha
tenido queja. Por consiguiente todo el mundo, en una sociedad criminal, se
siente o muy feliz, o en un estado de despreocupación que no tiene nada de
penoso; así que no hay nada bueno, nada respetable, nada adecuado para
causar la felicidad en lo que se denomina la virtud. Que los que la sigan no se
enorgullezcan, por tanto, de esta especie de homenaje que el tipo de
constitución de nuestras sociedades nos obliga a tributarle: es un asunto
meramente circunstancial y convencional; pero, en realidad, este culto es
quimérico, y la virtud que lo alcanza un instante no es por ello más hermosa.
Tal era la lógica infernal de las desdichadas pasiones de Rodin, pero Rosalie,
más dulce y mucho menos corrompida, Rosalie, que detestaba los horrores a
que era sometida, se entregaba más dócilmente a mis opiniones. Yo deseaba
ardorosamente hacerle cumplir sus primeros deberes religiosos; para ello habría
debido confiarme a algún sacerdote, y Rodin no quería ninguno en su casa; le
horrorizaban tanto como el culto que profesaban: por nada en el mundo habría
soportado a alguno cerca de su hija; y acompañar a esta joven a un director era
igualmente imposible: Rodin jamás dejaba salir a Rosalie sin compañía. Hubo
que esperar, pues, a que se presentara alguna ocasión; y, mientras llegaba, yo
instruía a la joven. Enseñándole a saborear las virtudes, le descubría las de la
religión, le desvelaba sus santos dogmas y sus sublimes misterios: juntaba de tal
modo esos dos sentimientos en su joven corazón que los hacía indispensables
para la dicha de su vida.
––Señorita ––le decía un día recogiendo las lágrimas de su compunción––,
¿puede el hombre cegarse hasta el punto de creer que no está destinado a un
fin mejor? ¿No basta con que haya sido dotado del poder y de la facultad de
conocer a su Dios para convencerse de que este favor sólo le ha sido concedido
para cumplir los deberes que le impone? Ahora bien, ¿cuál puede ser la base
del culto debido al Eterno, si no es la virtud de la que él mismo es el ejemplo?
¿Puede el Creador de tantas maravillas tener otras leyes que el bien? Y nuestros corazones ¿pueden complacerle si el bien no es su elemento? Me parece
que con las almas sensibles no cabría utilizar otros motivos de amor hacia este
