Marqués de Sade Justine.pdf


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convencerme y decidir mi respuesta a las ofertas de aquel malvado. La época en
que debía dársela se aproximaba. Dos días después de estos acontecimientos,
él mismo vino a pedírmela a mi habitación. Me sorprendió en la cama. El
pretexto de ver si quedaba alguna huella de mis heridas le ofreció, sin que yo
pudiera oponerme, el derecho de examinarme desnuda, y como llevaba
haciéndolo por lo menos dos veces al día desde hacía un mes, sin que yo
hubiera notado en él nada que pudiera herir mi pudor, no creí que debiera
resistirme. Pero, esta vez, Rodin tenía otras intenciones: cuando ha llegado al
objeto de su culto, pasa uno de sus muslos alrededor de mi cintura, y lo aprieta
tanto que me encuentro, por decirlo de algún modo, indefensa.
––Thérèse ––me dice entonces paseando sus manos de modo como para
despojarme de toda duda––, ya estás restablecida, querida, ahora puedes
demostrarme la gra titud que veo que rebosa tú corazón. La manera es fácil,
sólo necesito esto ––prosiguió el traidor inmovilizándome con todas las fuerzas
de que disponía...––. Sí, sólo esto, esta es mi recompensa, nunca exijo otra
cosa de las mujeres... Pero ––prosiguió–– es de los más hermosos que he visto
en mi vida... ¡Qué redondeces!... i qué elasticidad!... ¡qué piel tan fina!... ¡Oh,
qué ganas tengo de disfrutarlo!...
Al decir eso, Rodin, verosímilmente ya dispuesto a la ejecución de sus
proyectos, se ve obligado a soltarme un momento para acabar de realizarlos. Yo
aprovecho la libertad que me concede, y, soltándome de sus brazos, le digo:
––Señor, le ruego que se convenza de que no hay nada en el mundo que
pueda obligarme a los horrores que parecéis desear. Estoy de acuerdo en que
os debo agradecimiento, pero no lo satisfaré al precio de un crimen. Soy pobre y
muy desdichada, sin duda; pero no importa, ahí tenéis el escaso dinero que
poseo ––continué ofreciéndole mi miserable bolsa––, tomad el que consideréis
oportuno, y dejadme abandonar esta casa, por favor, ya que estoy en
condiciones de hacerlo.
Rodin, sorprendido de una resistencia que no esperaba en una joven
desprovista de recursos, y que, según una injusticia común en los hombres,