Marqués de Sade Justine.pdf


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su especialidad unas obras tan apreciadas, que pasa generalmente por ser el
hombre más hábil que existe ahora en Francia. Ha trabajado veinte años en
París, y se ha retirado al campo por voluntad propia. El verdadero cirujano de
Saint––Marcel es un tal Rombeau, que él ha tomado bajo su protección, y al que
asocia a sus experiencias. ¿Quieres saber ahora, Thérèse, lo que le lleva a
tener pensionistas?... El libertinaje, hija mía, sólo el libertinaje, pasión que él
lleva al máximo. Mi padre encuentra en sus escolares de ambos sexos unos
objetos que la dependencia somete a sus inclinaciones, y él se aprovecha...
Pero ven... sígueme ––me dijo Rosalie––, hoy viernes es precisamente uno de
los tres días de la semana en que castiga a los que han cometido faltas. En ese
tipo de castigo es donde mi padre encuentra sus placeres. Sígueme, te digo, y
verás lo que hace. Se puede observar todo desde el cuarto de aseo de mi
habitación, contiguo al de sus maniobras. Vayamos allí sin hacer ruido, y procura
sobre todo no decir jamás una palabra, tanto de lo que te he contado como de lo
que verás.
Era demasiado importante para mí conocer las costumbres del nuevo
personaje que me ofrecía un asilo para que descuidase nada de lo que podía
desvelármelas. Sigo los pasos de Rosalie, me coloca al lado de un tabique
bastante mal hecho que deja, entre los tablones que lo forman, varias rendijas
que bastan para distinguir todo lo que ocurre en la habitación vecina.
Apenas nos hemos apostado entra Rodin, trayendo consigo a una muchacha
de catorce años, blanca y bonita como el Amor. La pobre criatura hecha un mar
de lágrimas, desgraciadamente al corriente de lo que la espera, acompaña
gimiendo a su duro maestro, y se arroja a sus pies, implora su perdón, pero
Rodin, inflexible, enciende en su propia severidad las primeras chispas de su
placer que ya brotan de su corazón a través de sus feroces miradas...
––¡Oh, no, no! ––exclama él–– ¡No, no! Son ya demasiadas veces lo mismo,
Julie. Me arrepiento de mis bondades, sólo han servido para sumirte en nuevas
faltas, pero ¿la gravedad de ésta podría dejarme utilizar la clemencia, en el
supuesto de que lo quisiera?... ¡Darle una nota a un muchacho al entrar en
clase!