Marqués de Sade Justine.pdf

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«La desalmada que ha envenenado a mi tía tiene la osadía de atreverse a
escribirme después de su execrable delito. Lo mejor que hace es ocultarme su
retiro; puede estar segura de que lo pasará mal si la descubrimos. ¿Qué se
atreve a reclamar? ¿Cómo habla de dinero? El que haya podido dejar equivale a
los robos que ha cometido, tanto durante su estancia en la casa como al
consumar su último crimen. Que evite un segundo envío semejante a éste, pues
se le comunica que se arrestaría a su portador hasta que el lugar que encubre a
la culpable fuera conocido por la justicia».
––Proseguid, querida niña ––dijo la señora de Lorsange devolviendo la nota a
Thérèse––, son actitudes que horrorizan. Nadar en oro, y negar a una
desdichada que no ha querido cometer un crimen lo que ha ganado
legítimamente, es una infamia gratuita que carece de parangón.
––¡Ay, señora! ––continuó Thérèse, retomando el hilo de su historia––, pasé
dos días llorando con esta malaventurada carta. Gemí mucho más por el
comportamiento horrible que demostraba que por los rechazos que contenía.
¡Así que era culpable!, exclamé, ¡denunciada por segunda vez a la justicia por
haber sabido respetar en exceso sus leyes! De acuerdo, no me arrepiento: por
muchas cosas que puedan ocurrirme, jamás conoceré los remordimientos
mientras mi alma siga pura y no haya cometido otro mal que el de haber
atendido en exceso los sentimientos equitativos y virtuosos que jamás me
abandonarán.
Me resulta imposible creer, sin embargo, que las investigaciones de que me
hablaba el conde fueran reales. Eran tan poco verosímiles, resultaba tan
peligroso para él hacerme aparecer ante la justicia que supuse que, en el fondo
de sí mismo, él debía estar mucho más asustado de verme que yo temblorosa
por sus amenazas. Estas reflexiones me decidieron a seguir donde estaba, e
incluso a instalarme allí si era posible, hasta que mis fondos crecieran y me
permitieran alejarme. Comuniqué mi proyecto a Rodin, que lo aprobó, y hasta
me propuso que permaneciera en su casa; pero antes de contaros la decisión
que tomé, es necesario daros una idea de ese hombre y de su entorno.
