Marqués de Sade Justine.pdf

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situación para ver cómo te portabas. En segundo lugar, aparecerás
públicamente como la asesina de la marquesa. Si sigue en vida, haré que se
vaya con esta idea a la tumba, y lo sabrá toda la casa. Así que te enfrentas a
dos procesos en lugar de uno, y en lugar de un vil usurero tendrás como
adversario a un hombre rico y poderoso, decidido a perseguirte hasta el infierno,
si abusas de la vida que su piedad te ha concedido.
––Pero, señor ––contesté––, cualesquiera que sean vuestros rigores hacia mí,
no temáis nada de mis pasos. He creído que debía actuar contra vos cuando se
tra taba de la vida de vuestra tía, jamás emprenderé nada cuando sólo se trate
de la desdichada Thérèse. Adiós, señor, ¡ojalá vuestros crímenes os hagan tan
feliz como tormentos me ocasionan vuestras crueldades! Y sea cual sea la
suerte que me depare el cielo, en tanto que quiera conservar mis deplorables
días sólo los utilizaré en rezar por vos.
El conde alzó la cabeza. No le quedaba más remedio que mirarme ante estas
palabras, y como me vio vacilante y cubierta de lágrimas, por el temor de con
moverse sin duda, el cruel se alejó y ya no volví a verle. Totalmente entregada a
mi dolor, me dejé caer al pie del árbol, y allí, dándoles el más libre curso, hice
resonar el bosque con mis gemidos. Abracé la tierra con mi desdichado cuerpo,
y regué la hierba con mis lágrimas.
––¡Oh, Dios mío! ––exclamé––, vos lo habéis querido; estaba escrito en
vuestros eternos decretos que el inocente fuera la presa del culpable. Disponed
de mí, Señor, todavía estoy muy lejos de los males que habéis sufrido por
nosotros. ¡Ojalá los que yo soporto adorándoos me hagan digna un día de las
recompensas que prometéis al débil, cuando os tiene por objeto en sus
tribulaciones y os glorifica en sus penas!
Caía la noche. Se me hacía imposible proseguir; apenas podía sostenerme.
Dirigí la mirada al matorral donde me había acostado cuatro años antes; como
pude me arrastré hasta él y, colocándome en el mismo lugar, atormentada por
mis heridas todavía sangrantes, abrumada por los males de mi espíritu y por las
penas de mi corazón, pasé la noche más cruel que quepa imaginar.
