Marqués de Sade Justine.pdf

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Les desencadenan, el conde los excita, los tres se arrojan sobre mi desdichado
cuerpo. Diríase que se lo reparten para que ninguna de sus partes quede exenta
de sus furiosos asaltos. Por mucho que los rechace, me desgarran cada vez con
mayor furia, y a lo largo de esta escena horrible, Bressac, el indigno Bressac,
como si mis tormentos hubieran encendido su pérfida lujuria... ¡infame!, se
ofrecía, examinándome, a las criminales caricias de su favorito.
––Ya basta ––dijo, al cabo de unos minutos––, ata a los perros y abandona
esta desgraciada a su mala suerte. ––¡Bien, Thérèse! ––me dijo en voz baja,
rompiendo mis ataduras––. Como ves, a veces la virtud cuesta muy cara.
¡,Crees que dos mil escudos de pensión no eran mejor que los mordiscos que
ahora te cubren?
Pero en el horrible estado en que me encuentro, apenas puedo oírle. Me arrojo
a los pies del árbol y estoy a punto de perder el conocimiento.
––Soy muy bueno al salvarte la vida ––dice el traidor, al que mis males irritan–
–, vigila por lo menos el uso que harás de este favor...
Después me ordena que me levante, que recoja mis ropas y que abandone
cuanto antes el lugar. Como la sangre mana de todas partes, a fin de que mi
vestido, el único que me queda, no se manche, arranco hierba para refrescarme
y después secarme, mientras Bressac se pasea de un lado a otro, mucho más
ocupado en sus ideas que en mí.
La hinchazón de mis carnes, la sangre que sigue manando, los espantosos
dolores que soporto, hacen que me resulte casi imposible la operación de
vestirme, sin que en ningún momento el deshonesto hombre que acaba de
situarme en tan cruel estado... él, por el que antes yo habría sacrificado mi vida,
se dignara concederme la menor señal de conmiseración. Así que estuve
preparada, me dijo:
––Ve donde quieras. Debe quedarte dinero, no te lo quito, pero procura no
volver a aparecer por ninguna de mis casas, tanto en la ciudad como en el
campo. Hay dos poderosas razones en contra. En primer lugar, conviene que
sepas que el proceso que creías terminado no lo está. Se te ha dicho que había
sido sobreseído, te han engañado. El decreto sigue vigente. Te dejaban en esta
