Marqués de Sade Justine.pdf

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nada, pero yo le vi turbado. Comuniqué su estado a la marquesa, ella aún se
inquietó más, sin poder pensar, de todos modos, en otra cosa que en adelantar
la marcha del correo, y en que ocultara aún mejor, si cabía, el objeto de su
misión. Contó a su sobrino que lo enviaba en diligencia a París para rogar al
duque de Sonzeval que se ocupara inmediatamente de la sucesión del tío del
que acababa de heredar, porque si nadie aparecía eran de temer unos
procesos. Añadió que pedía al duque que viniera él mismo a rendir cuentas de
todo, para que ella se decidiera a irse en compañía de su sobrino, si el caso lo
exigía. El conde, demasiado buen fisonomista para no descubrir el malestar en
el rostro de su tía y no observar un poco de confusión en el mío, lo aceptó todo y
se puso en guardia. Bajo el pretexto de un paseo, se aleja del castillo y espera al
correo en un lugar por el que tenía que pasar inevitablemente. Aquel hombre,
mucho más suyo que de su tía, no pone ninguna dificultad en entregarle sus
misivas, y Bressac, convencido de lo que llama sin duda mi traición, da cien
luises al correo con la orden de no regresar jamás a casa de la tía. Vuelve al
castillo, con la rabia en el corazón; sin embargo, se contiene. Me encuentra, me
habla como de costumbre, me pregunta si será para mañana, me hace notar que
es esencial que se produzca antes de que llegue el duque, y después se
acuesta con un aire tranquilo y sin demostrar nada. Yo no supe nada entonces,
me engañó por completo. Si el espantoso crimen se consumó, como el conde
me contó después, lo cometió él sin duda, pero ignoro cómo. Formulé muchas
conjeturas, ¿de qué serviría comunicároslas? Pasemos más bien a la cruel
manera con que fui castigada por no haber querido encargarme de él. Al día
siguiente de la detención del correo, la señora tomó su chocolate como de
costumbre, se levantó, pasó al tocador, me pareció nerviosa y se sentó a la
mesa. Así que desaparece, el conde me aborda y, con la mayor de las flemas,
me dice:
––Thérèse, he descubierto un medio más seguro del que te había propuesto
para llevar a cabo nuestros proyectos, pero exige detalles y no me atrevo a ir tan
a menudo a tu habitación. Dirígete a las cinco en punto al extremo del parque, te
recogeré y daremos un paseo por el bosque, durante el cual te lo contaré todo.
