Marqués de Sade Justine.pdf


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Dos días después de nuestro pacto criminal, el conde supo que un tío, sobre
cuya sucesión no contaba en absoluto, acababa de dejarle ochenta mil libras de
renta... ¡Oh, cielos!, me dije al enterarme de la noticia, ¡así es como la justicia
celestial castiga la conspiración de fechorías! Y arrepintiéndome inmediatamente
de esta blasfemia hacia la Providencia, me arrodillo, pido perdón, y me
congratulo de que este inesperado acontecimiento pueda cambiar por lo menos
los proyectos del conde... ¡Cuál era mi error!
––¡Oh, mi querida Thérèse! ––me dijo acudiendo aquella misma noche a mi
habitación––. ¡Cómo llueven sobre mí las prosperidades! Ya te lo he dicho más
de una vez: la idea de un crimen, o su ejecución, es el medio más seguro de
atraer la felicidad. Así les ocurre, por lo menos, a los malvados.
––¿Cómo, señor? ––contesté––. Esta fortuna con la que no contabais ¿no os
decide a esperar pacientemente la muerte que queríais precipitar?
––¿Esperar? ––replicó bruscamente el conde––, no esperaría ni dos minutos,
Thérèse. ¿No te das cuenta de que tengo veintiocho años, y a mi edad es duro
esperar?... No, que esto no cambie en nada nuestros proyectos, por favor, y
dame el consuelo de verlo todo terminado antes de que volvamos a París...
Mañana, pasado mañana a más tardar... Ya estoy impaciente por darte un
cuarto de tus rentas... por entregarte el acta que te las garantiza...
Hice cuanto pude por disimular el terror que me inspiraba aquel ensañamiento,
y reanudé mis reflexiones de la víspera, convencidísima de que, si no ejecutaba
el crimen horrible que me habían encargado, el conde no tardaría en darse
cuenta de que le engañaba, y de que, si advertía a la señora de Bressac, fuera
cual fuere la decisión que le hiciera tomar la revelación de ese proyecto, el joven
conde, viéndose siempre engañado, adoptaría inmediatamente unos medios
más seguros que, haciendo perecer igualmente a la tía, me exponían a toda la
venganza del sobrino. Me restaba la vía de la justicia, pero nada en el mundo
habría podido resolverme a tomarla. Así que me decidí a avisar a la marquesa;
de todas las opciones posibles, es la que me pareció mejor y como tal la adopté.
––Señora ––dije al día siguiente de mi última entrevista con el conde––, tengo
que revelaros algo de la mayor importancia, pero, por mucho que eso pueda