Marqués de Sade Justine.pdf

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No había, sin embargo, límites a las malas acciones de su sobrino. El conde
había llegado al punto de no ocultar nada. No sólo había rodeado a su tía de
toda la peligrosa chusma que utilizaba para sus placeres, sino que había llevado
su osadía hasta el punto de decirle delante de mí que, si seguía contrariando
sus gustos, la convencería de los encantos que contenían entregándose a ellos
ante sus propios ojos.
Esta conducta me horrorizaba y afligía. Intentaba encontrar en ella motivos
para sofocar en mi alma la desdichada pasión que la hacía arder, pero ¿es el
amor un mal del que pueda sanarse? Todo lo que intentaba oponerle sólo servía
para atizar más vivamente su llama, y el pérfido conde jamás me parecía tan
amable como cuando reunía ante mí todo lo que debía empujarme a odiarle.
Ya llevaba cuatro años en aquella casa, siempre perseguida por los mismos
pesares y siempre consolada por las mismas dulzuras, cuando aquel hombre
abominable, creyéndose al fin seguro de mí, osó desvelarme sus infames
intenciones. Vivíamos entonces en el campo, y yo estaba a solas con la
condesa: su primera doncella había pedido permiso para seguir en París durante
el verano, por unos asuntos de su marido. Una noche, poco después de que me
retirara, mientras me refrescaba en un balcón de mi habitación sin decidirme, a
causa del extremo calor, a acostarme, de repente el conde llama a la puerta y
me ruega que le deje charlar conmigo. ¡Ay de mí! Todos los instantes que me
concedía el cruel autor de mis males me parecían demasiado preciosos para
que me atreviera a rechazar uno solo; entra, cierra con cuidado la puerta, y
sentándose en un sillón a mi lado me dijo con un cierto embarazo:
––Atiéndeme, Thérèse... tengo que contarte unas cosas de la mayor
importancia. Júrame que jamás revelarás nada.
––¡Oh, señor! ––contesté––, ¿podéis creerme capaz de abusar de vuestra
confianza?
––Tú no sabes el peligro que correría si acabaras por demostrarme que me
había equivocado al concedértela... ––La peor de todas mis penas sería haberla
perdido, no necesito mayores amenazas...
