Marqués de Sade Justine.pdf

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transmutación, podré creer entonces que el homicidio es un crimen; pero cuando
el estudio más profundo me ha demostrado que todo lo que vegeta en este
globo, la más imperfecta de las obras de la naturaleza, tiene un precio
equivalente a sus ojos, jamás admitiré que el cambio de uno de esos seres en
mil otros pueda alterar en nada sus designios. Entonces me digo: todos los
hombres, todos los animales, todas las plantas crecen, se alimentan, se
destruyen, se reproducen por los mismos medios, y no reciben jamás una
muerte real sino una simple variación en lo que las modifica. Todos, digo, los
que aparecen hoy bajo una forma y unos años después bajo otra, pueden, al
capricho del ser que quiere moverlos, cambiar mil y mil veces en un día, sin que
una sola ley de la naturaleza se vea afectada un solo instante. ¿Qué digo? Sin
que este transmutador haya hecho otra cosa que un bien, ya que al descomponer unos individuos cuyas bases vuelven a ser necesarias para la
naturaleza, no hace más que devolverle mediante esta acción, impropiamente
calificada de criminal, la energía creadora de la que le priva necesariamente
aquel que, por una estúpida indiferencia, no se atreve a emprender jamás
ninguna alteración. Ay, Thérèse, sólo el orgullo del hombre convirtió el homicidio
en crimen. Esta vana criatura, imaginándose la más sublime del globo,
creyéndose la más esencial, partió de este falso principio para asegurar que la
acción que la destruyera sólo podía ser infame; pero su vanidad y su demencia
no cambia en nada las leyes de la naturaleza. No existe ningún ser que no
sienta en el fondo de su corazón el deseo más vehemente de deshacerse que
aquellos que lo estorban, o de cuya muerte puede sacar algún provecho; y del
deseo al hecho, ¿supones tú, Thérèse, que la diferencia es muy grande? Ahora
bien, si estas impresiones nos vienen de la naturaleza, ¿es presumible que la
irriten? ¿Podría inspirarnos algo que la degradara? ¡Ah!, tranquilízate, querida
niña, nosotros no sentimos nada que no le sirva; todos los impulsos que
despierta en nosotros son las voces de sus leyes; las pasiones del hombre son
los medios que utiliza para alcanzar sus designios. ¿Necesita individuos? Nos
inspira el amor, y por tanto la procreación. ¿Precisa destrucciones? Coloca en
nuestros corazones la venganza, la avaricia, la lujuria, la ambición, y de ahí los
