Marqués de Sade Justine.pdf

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––Tórtola del bosque ––me dijo el conde con dureza––, si buscas víctimas, has
elegido mal: ni mi amigo ni yo sacrificamos jamás en el templo impuro de tu
sexo. Si es limosna lo que pides, busca personas que amen las buenas obras,
nosotros jamás las hacemos de ese tipo... Pero habla, miserable, ¿has visto lo
que ha ocurrido entre el señor y yo?
––Os he visto charlar sobre la hierba ––contesté––, nada más, señor, os lo
aseguro.
––Por tu bien, quiero creerlo ––dijo el joven conde––. Si imaginara que podías
haber visto otra cosa, jamás saldrías de este matorral... Jasmín, es pronto,
tenemos tiempo de escuchar las aventuras de esta joven, y después veremos lo
que hay que hacer.
Se sientan, me ordenan que me coloque cerca de ellos, y ahí les relato con
ingenuidad todas las desdichas que me abruman desde que estoy en el mundo.
––Vamos, Jasmín ––dice el señor de Bressac levantándose cuando hube
terminado––, seamos justos por una vez. Si la equitativa Temis ha condenado a
esta criatara, no toleremos que los deseos de la diosa se vean tan cruelmente
frustrados. Hagamos sufrir a la delincuente la condena de muerte en que había
incurrido. Este homicidio, muy lejos de ser un crimen, será una reparación del
orden
moral.
Ya
que
a
veces
tenemos
la
desgracia
de
alterarlo,
restablezcámoslo valerosamente por lo menos cuando se presenta la ocasión...
Y los crueles, arrebatándome de mi sitio, me arrastran hacia el bosque,
riéndose de mis lloros y de mis gritos.
––Atémosla por los cuatro miembros a cuatro árboles que formen un extenso
cuadrado ––dice Bressac, desnudándome.
Luego, con sus corbatas, sus pañuelos y sus ligas, confeccionan unas cuerdas
con las que me atan al instante como han previsto, esto es en la más cruel y
más dolorosa actitud que quepa imaginar. Imposible explicar lo que sufrí; me
parecía que me arrancaban los miembros, y que mi estómago, que estaba en el
aire, dirigido por su peso hacia el suelo, tuviera que entreabrirse a cada instante.
El sudor caía de mi frente, yo sólo existía por la violencia de mi dolor; si éste
hubiera dejado de comprimirme los nervios, me habría invadido una angustia
