Marqués de Sade Justine.pdf


Vista previa del archivo PDF marques-de-sade-justine.pdf


Página 1...50 51 525354289

Vista previa de texto


naturaleza como las convenciones sociales, aquella fechoría, en una palabra,
sobre la cual la mano de Dios ha caído tantas veces, legitimada por «Corazónde-Hierro», propuesta por él a la desdichada Thérèse, consumada sobre ella
involuntariamente por el verdugo que acaba de inmolarla, aquella execración
repugnante en fin, ¡la vi practicar bajo mis ojos con todas las desviaciones
impuras, todos los episodios espantosos, que puede introducir en ella la
depravación más exquisita! Uno de los hombres, el que se ofrecía, tenía
veinticuatro años de edad, suficientemente bien vestido como para hacer pensar
en la elevación de su rango, y el otro, más o menos de su misma edad, parecía
uno de sus criados. El acto fue escandaloso y prolongado. Con las manos
apoyadas en la cresta de un pequeño montículo frente al bosquecillo donde yo
me hallaba, el joven amo exponía desnudo a su compañero de libertinaje el
impío altar del sacrificio, y éste, lleno de ardor ante el espectáculo, acariciaba a
su ídolo, a punto de inmolarlo con un puñal mucho más espantoso y mucho más
gigantesco que aquel con el que yo había sido amenazada por el jefe de los
bandidos de Bondy; pero el joven amo, en absoluto temeroso, parece desafiar
impunemente la espada que se le presenta; la provoca, la excita, la cubre de
besos, se apodera de ella, se la introduce él mismo, se deleita absorbiéndola.
Entusiasmado por sus criminales caricias, el infame se debate bajo ella y parece
lamentar que no sea aún más imponente; desafía sus golpes, los previene, los
rechaza... Dos tiernos y legítimos esposos se acariciarían con menos ardor...
Sus bocas se juntan, sus suspiros se confunden, sus lenguas se entrelazan, y
los veo a los dos, ebrios de lujuria, encontrar en el centro de las delicias el complemento de sus pérfidos horrores. El homenaje se renueva, y, para encender de
nuevo el incienso, todo es válido para el que lo exige; besos, manoseos, masturbaciones, refinamientos del más insigne libertinaje, todo se utiliza para
devolver las fuerzas que se apagan, y con ello consigue reanimarlas por cinco
veces consecutivas, pero sin que ninguno de los dos cambiara de papel. El
joven amo fue siempre mujer, y aunque se pudiera descubrir en él la posibilidad
de ser hombre a su vez, ni siquiera tuvo la apariencia de concebir por un
instante tal deseo. Si bien visitó el otro altar semejante a aquel donde se