LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf

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Aquí una prudente recomendación: Cuando te encuentres con una doctrina o un
enfoque profético cuyo concepto principal se fundamenta en una idea popular, o
en la tradición, en una premisa, en una frase aislada de un texto, o en un solo
verso de la biblia, o en un concepto aceptable porque apela a los sentimientos
naturales, o en un concepto extra bíblico, inventado, o en un concepto bíblico pero
que es errónea y desmedidamente enfatizado por los hombres y no por los
profetas, debes desecharla en el acto. La razón es sencilla: Las grandes verdades
de Dios están declaradas, avaladas, enfatizadas, reiteradas y fundamentadas por
el testimonio de todos los profetas. Siempre hay muchos testigos en las escrituras
para apoyar las grandes verdades de Dios, y esto obedece a un sencillo principio
establecido por él mismo. (2 Cor.13:1, Isa.8:20).
Quede claro que Cleofas y su compañero no eran falsos maestros, sino que eran
discípulos confundidos por la tradición y a causa de su propia condición mental y
espiritual. ¿Y qué podemos decir de nosotros mismos? Que es mucho mejor ser
un discípulo confundido en la profecía bíblica, que ser un maestro de profecía
engañado por su propia condición. Es mejor aceptar nuestra ignorancia,
conocimiento parcial, o confusión en un tema bíblico, que afirmar y enseñar lo que
no sabemos. Afortunadamente, Cleofas y el resto de discípulos y aun los mismos
Apóstoles fueron luego enseñados y confirmados por Cristo.
Es posible que usted y yo también estemos en el camino de Emmaus, y que sea
Cristo quien nos acompaña ahora mismo y está tratando de instruirnos en la
profecía bíblica. Sigamos adelante hacia Jerusalén. Tan solo estamos a sesenta
estadios de la ciudad del gran rey, donde Jesucristo se revelara a nosotros y nos
instruirá en este difícil campo, si tan solo creemos a los profetas y somos
capaces de vencer sobre nuestra propia condición humana. La biblia dice:
(Lc.24:44-47)“Entonces les abrió el sentido para que entendiesen las escrituras.
46. y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y
resucitase de los muertos al tercer día; 47. Y que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando
desde Jerusalén.48. Y vosotros sois testigos de estas cosas.49. He aquí, yo
enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la
ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.
En esta cita está descrito el espíritu de la profecía bíblica; no existe otro enfoque:
El plan de Dios trata sobre la redención de los hombres, judíos y gentiles, por
la sangre de Jesús. Este es el enfoque correcto. Amados hermanos, entender lo
que dijeron los profetas no es un asunto académico sino espiritual; Se trata de
creer a los profetas. Debemos decir: “Si jeremías lo dijo, yo lo creo. Quizá no lo
entiendo pero lo creo”. Luego, en esta actitud correcta de humildad y docilidad
ante la santa palabra de Dios, él mismo, por su Espíritu, se encargara de
revelarnos, guiarnos e instruirnos en su santa palabra. No hay otra forma de
estudiar la profecía bíblica sino creer a los profetas.
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