LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf


Vista previa del archivo PDF la-parabola-de-la-higuera-3.pdf


Página 1...47 48 495051208

Vista previa de texto


Fue el sostener obstinadamente sus propios conceptos “e ignorar la justicia de
Dios” lo que dejo en el error a muchos en el siglo I (Rom.10:3).
En el error no solo existen conceptos equivocados, sino que también hay
obstinación por sostenerlos; se trata del espíritu del hombre carnal batallando
contra los designios y planes de Dios, y también puede haber influencia espiritual
demoniaca en el asunto (1Tim.4:1-6). Una cosa es ignorar un concepto bíblico o
su correcta aplicación, y otra cosa es la obstinación para procurar establecer
nuestra propia idea. Hablar algo sin entenderlo es malo, pero afirmarlo es peor.
(1Tim. 1:7). Hay que tener mucho cuidado, porque todos estos ejemplos están en
la biblia para nuestra advertencia, y todos nosotros batallamos con nuestra mente
natural y con la rebelión en nuestro propio espíritu. La solución es “morir cada día
a nosotros mismos”, a nuestros deseos y pretensiones por medio de la Cruz. De
otro modo, los elevados conceptos del Señor chocaran una y otra vez con nuestra
mente carnal.
Pedro aprendió duramente que sus lentes había que tirarlos a la basura, porque
estos solo le dejaban ver y sentir “lo que es de los hombres”. Él todavía estaba
ciego a “lo que era de Dios”. La reprensión de Jesús a Pedro, quien súbitamente
se convertía en osado intérprete de escatología, capaz de dirigir el itinerario
y el destino de Cristo termina con una advertencia para todos sus discípulos,
entre los cuales nosotros estamos incluidos:
(Mt.16:24) “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de
mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”
Si hemos de seguir a Cristo en sus conceptos, debemos de morir cada día,
dejando atrás nuestras propias ideas. Al estudiar pues la profecía bíblica,
debemos tener mucho cuidado de no anteponer las ideas propias, las tradiciones,
los sentimientos y las perspectivas muy humanas, pues todo esto nos hará perder
o distorsionar el verdadero objetivo anunciado por los profetas. Por el contrario,
creer a los profetas es el método de Dios para todo estudiante de la profecía
bíblica. Creer a los profetas parece sencillo, y lo es, cuando morimos a nosotros
mismos. Pero resulta que creer es un método muy humilde; Entonces, dada
nuestra condición humana, la verdadera instrucción para adentrarnos en la
profecía bíblica nos resulta demasiado cara, cuando somos carnales. Ahora
amado hermano, pregúntese. A la luz de lo que dice la biblia… ¿En verdad es
usted un experto en profecía bíblica?
En cuanto a Cleofas y su compañero, Jesucristo les cito muchos testigos
escriturales para probar su punto: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por
todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”
(Lc.24:26-27).

48