LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf

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También, un hombre que teme a Dios y su palabra reconocerá inmediatamente
que se ha equivocado en lo que creía, en cuanto el Espíritu Santo le enseñe mejor
las escrituras, sea esto personalmente, o a través de otro vaso de Dios. Podemos
equivocarnos, y debemos rectificar valientemente. En cambio, si existe en
nosotros soberbia, arrogancia, pretensiones ocultas, o deseos velados de
vanagloria, nos constituiremos a nosotros mismos en “expertos” en el campo. Nos
mantendremos empecinadamente en nuestro punto, y terminaremos siendo
engañados por nuestra propia condición y por nuestros propios intereses carnales.
Lamentablemente, así persistiremos en nuestro error y no nos dejaremos guiar por
el Señor; estos son los turbios caminos del hombre natural.
En este punto es muy oportuna la pregunta: Si todos los profetas de la biblia
hablaron inspirados de la misma fuente ¿Porque existen hoy tantas corrientes
escatológicas, tan dispares unas de otras, incluso antagónicas? Básicamente
es por la rebelión, por la soberbia del hombre, por la arrogancia, por la necedad y
la lentitud de corazón para creer a los profetas de la biblia, por el deseo o el amor
a las glorias humanas, y por el temor a los hombres (Jn.9:22,12:42).
La necedad de los que estamos extraviados en la profecía bíblica consiste en
conservar y esgrimir, obstinadamente, conceptos ajenos a las escrituras, puntos
de vista que a nosotros nos parecen irrenunciables porque han sido incrustados
en nuestra mente, o sencillamente porque se acomodan a nuestros propios
sentimientos. Es posible también que estemos cargando y defendiendo de buena
fe una herencia doctrinal nunca juzgada, o que seamos muy difíciles de enseñar.
El extravío también viene porque codiciamos o guardamos los intereses y las
glorias de los hombres; estamos más comprometidos con los hombres y sus
intereses que con la verdad bíblica. Veamos otro ejemplo del mismo problema,
donde las ideas y conceptos del hombre natural tuercen la profecía bíblica.
(Mt.16:21)“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era
necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales
sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.22. “Entonces
Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten
compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.23. Pero él, volviéndose,
dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no
pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”.
Notemos como Pedro antepone sus naturales sentimientos a la profecía bíblica,
negando así el propósito del Cristo anunciado por los profetas. La verdad de Dios
en cuanto al Cristo no logra penetrar en la mente del discípulo. Pero no solo eso;
Pedro llega al grado de contradecir en la cara al mismo Jesucristo,
ganándose en el acto una fuerte reprimenda pública por parte su maestro. Los
sentimientos e intereses humanos hacen que Pedro tuerza la profecía, atentando
contra los verdaderos objetivos que el Cristo venía a cumplir.
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