LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf


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transmitieron fielmente las palabras de Dios. A ellos les fue dado “el espíritu de la
profecía”. (Véase 1Pe.1:9-13, y Ap.1:5,19:10). Este importante concepto (el
espíritu de la profecía) será explicado con detalle más adelante, porque es la
esencia misma de la profecía bíblica. En ese concepto tenemos claramente
revelado el propósito divino; y el propósito divino es lo primero que necesitamos
conocer y aprender.
Es muy interesante que la incapacidad para comprender las profecías bíblicas no
tenga que ver con que usted no posea la instrucción de una institución teologica, o
no haya leído muchos libros sobre el tema. Aclaro que no estoy en contra de las
escuelas y los libros. Lo que trato de transmitir es: No se trata de falta de datos.
Los verdaderos obstáculos para entender la profecía bíblica son espirituales:
necedad y lentitud de corazón, deseos personales, vanagloria, etc. Al estudiar la
profecía bíblica, nosotros tenemos exactamente el mismo problema que aquellos;
entender la profecía bíblica depende, no tanto de nuestro poco o mucho
conocimiento, sino de la condición de nuestro propio espíritu y de nuestra actitud
ante lo que leemos en las escrituras. (Isa.66:2, Lc.10:21, Jer.33:3).
INTERPRETACIONES Y DESEOS PERSONALES
El meollo del asunto para poder comprender la profecía bíblica está en ser
humildes para creer a los profetas y despojarse todo interés o pretensión personal.
Difícilmente un hombre que teme a Dios y su palabra introducirá sus propios
conceptos, cuando escudriña la profecía bíblica. Un hombre que teme a Dios y su
palabra no se atreverá a ignorar, y mucho menos a contradecir llanamente lo que
nos dijeron los profetas. Si una persona teme a Dios, antes de falsear las
escrituras, mejor aceptara abiertamente que no comprende lo que lee, y luego
orara y clamara a Dios para entender estos misterios.
(Dn.12:8)“Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas
cosas?”
El problema no es el que no entendamos algo de la biblia; el problema espiritual
es leer…y decir que ya lo sabemos, o que ya lo entendemos…en lugar de
preguntar y clamar al dueño de estos misterios. Si la explicación de los misterios
nos son negados, debemos decir abiertamente: “Yo no sé lo que significa este
pasaje bíblico, o no puedo relacionarlo con la certeza debida”.
Si una persona teme a Dios, en lugar de falsear las escrituras mejor aceptara
abiertamente ante los que le escuchan que no comprende el texto bíblico en
cuestión, y luego orara y clamara a Dios para entender estos misterios. Luego, si
no le son revelados, no llenara ese vacío inventándose conceptos de su propia
cosecha para satisfacer diversos intereses ajenos al espíritu de la profecía, y
así quedar “pagado de sí mismo o de otros”. Me refiero aquí a la honra personal
de los intérpretes y los enseñadores. (¡! Debo tener el cuadro escatológico
completo!!!...exclamo con vehemencia un predicador).
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