Freud Duelo y melancolÃa.pdf

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JWf pkm ton un gran gasto de tiempo y de energía de inVOKllílui'n, y cnircianto Ja existencia del objeto perdido conlliulil en U) psíquico. Cada uno de los recuerdos y cada una
tie \m expectativas en que la libido se anudaba al objeto son
flinmiii'iulos, sobreinvestidos y en ellos se consuma el desaHimicnlo de la libido." ¿Por qué esa operación de compromiso, tiiic es el ejecutar pieza por pieza la orden de la realidad, resulta tan extraordinariamente dolorosa? He ahí'algo
que no puede indicarse con facilidad en una fundamentación
económica. Y lo notable es que nos parece natural este displacer doliente. Pero de hecho, una vez cumplido el trabajo
del duelo el yo se vuelve otra vez libre y desinhibido.*
Apliquemos ahora a la melancolía lo que averiguamos en
el duelo. En una serie de casos, es evidente que también ella
puede ser reacción frente a la pérdida de un objeto amado;
en otras ocasiones, puede reconocerse que esa pérdida es
de naturaleza más ideal. El objeto tal vez no está realmente
muerto, pero se perdió como objeto de amor (p. ej., el caso
de una novia abandonada). Y en otras circunstancias nos
creemos autorizados a suponer una pérdida así, pero no atinamos a discernir con precisión lo que se perdió, y con mayor razón podemos pensar que tampoco el enfermo puede
apresar en su conciencia lo que ha perdido. Este caso podría
presentarse aun siendo notoria para el enfermo la pérdida
ocasionadora de Ja melancolía: cuando él sabe a quién perdió, pero no lo que perdió en él. Esto nos llevaría a referir
de algún modo la melancolía a una pérdida de objeto sustraída de la conciencia, a diferencia del duelo, en el cual no
hay nada inconciente en lo que atañe a la pérdida.
En el duelo hallamos que inhibición y falta de interés se
esclarecían totalmente por el trabajo del duelo que absorbía
al yo. En la melancolía la pérdida desconocida tendrá por
consecuencia un trabajo interior semejante y será la responsable de la inhibición que le es característica. Sólo que la
inhibición melancólica nos impresiona como algo enigmático porque no acertamos a ver Jo que absorbe tan enteramente al enfermo. El melancólico nos muestra todavía algo
que falta en el duelo: una extraordinaria rebaja en su sentimiento yoico {Ichgefühl}, un enorme empobrecimiento del
yo. En el duelo, el mundo se ha hecho pobre y vacío; en
la melancolía, eso le ocurre al yo mismo. El enfermo nos
•'"' [Esta idea parece haber sido expresada ya en Estudios sobre la
histeria (1895á): Freud describe un proceso similar en su discusión
del liisiorial clínico de Elisabeth von R. {AE, 2, págs. 175-6).]
" 1 Véase más.adelante (pág. 252) un examen de la economía de
tule proceso.]
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