Freud Duelo y melancolía.pdf


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la melancolía, el propio Freud había comenzado ya a interesarse por ello, como lo muestra el historial clínico del
«Hombre de los Lobos» {1918¿), escrito durante el otoño
de 1914 y en el que esa fase desempeña un papel prominente. (Cf. AE, 17, pág. 97.) Pocos años después, en Psicología de las masas (1921c), AE, 18, págs. 99 y sigs., donde se retoma el tema de la identificación como continuación
explícita del examen que aquí se hace de él, parece haber
un cambio respecto del punto de vista anterior —o quizá
solamente una elucidación—. Allí leemos que la identificación es algo que precede a la investidura de objeto y se
distingue de ella, aunque todavía se nos dice que «se comporta como un retoño de la primera fase, la fase oral». En
muchos de sus escritos posteriores, Freud hizo reiterado énfasis en esta concepción de la identificación; por ejemplo,
en El yo y el ello (1923b), donde escribe que la identificación con los padres «no parece ser, en el comienzo, el
resultado o el desenlace de una investidura de objeto; es
una identificación directa e inmediata, y más temprana que
cualquier investidura de objeto» (AE, 19, pág. 33).
Más tarde, sin embargo, lo más significativo de este artículo parece haber sido para Freud su exposición del proceso a través del cual una investidura de objeto es remplazada en la melancolía" por una identificación. En el capítnlo
III de El yo y el ello, Freud argüiría que ese proceso no se
restringe a la melancolía sino que es bastante general. Estas
identificaciones regresivas, señaló, son en buena medida la
base de lo que llamamos el «carácter» de una persona. Pero,
lo que es mucho más importante, indicó que las más tempranas de estas identificaciones regresivas —las que provienen del sepultamiento del complejo de Edipo— pasan a
ocupar una posición muy especial, y forman de hecho el
núcleo del superyó.
James Strachey

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