Freud Duelo y melancolía.pdf


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la melancolía y la etapa oral de la libido (cf. infra, pág. 247).
El borrador final quedó completado el 4 de mayo de 1915,
pero, como el del artículo anterior (cf. pág. 217), fue publicado dos años después.
En época muy temprana (probablemente en enero de
1895), Freud había enviado a Flicss un detallado intento
de explicar la melancolía (término bajo el cual Freud incluía, por lo común, lo que ahora suele describirse como estados de depresión) en términos puramente neurológicos
(Freud, 1950^, Manuscrito G ) , AE, 1, págs. 239-46."
Este intento no resultó muy fructífero, y pronto fue remplazado por un enfoque psicológico. Apenas dos años más
tarde, nos encontramos con uno de los casos más notables
de anticipación de los hechos por parte de Freud. Ocurre
en un manuscrito, también dirigido a Fliess y titulado «Anotaciones III». Consignemos que en este manuscrito, fechado el 31 de mayo de 1897, aparece prefigurado por primera vez el complejo de Edipo (Freud, 1950Í?, Manuscrito
N ) , AE, 1, pág. 296. El pasaje en cuestión, tan denso en
significado que por momentos resulta oscuro, merece ser
citado en forma completa:
,
«Los impulsos hostiles hacia los padres (deseo de que
mueran) son, de igual modo, un elemento integrante de la
neurosis. Afloran concientemente como representación^ obsesiva. En la paranoia les corresponde lo más insidioso del delirio de persecución (desconfianza patológica de los gobernantes y los monarcas). Estos impulsos son reprimidos en
tiempos en que se suscita compasión por los padres: enfermedad, muerte de ellos. Entonces es una exteriorización del
duelo hacerse reproches por su muerte (las llamadas melancolías), o castigarse histéricamente, mediante la idea de la
retribución, con los mismos estados [de enfermedad! que
ellos han tenido. La identificación que así sobreviene no es
otra cosa, como se ve, que un modo del pensar, y no vuelve
superfina la búsqueda del motivo».
Freud parece haber dejado totalmente de lado la aplicación ulterior a la melancolía de la línea de pensamiento
bosquejada en este pasaje. De hecho, muy rara vez volvió a
mencionar este estado antes del presente artículo, si se exceptúan algunas observaciones suyas incluidas en un debate
sobre el suicidio que tuvo lugar en 1910 en la Sociedad
Psicoanalítica de Viena (véase Freud (1910^), AE, 11, pág.
232); en esa oportunidad destacó la importancia de establecer una comparación entre la melancolía y los estados nor-

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