Freud Duelo y melancolÃa.pdf

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valos no se advierte tonalidad alguna de manía, o se la advierte sólo en muy escasa medida. Otros casos muestran esa
alternancia regular de fases melancólicas y maníacas que ha
llevado a diferenciar la insania cíclica. Estaríamos tentados de
no considerar eStos casos como psicógenos si no fuera porque
el trabajo psicoanalítico ha permitido resolver la génesis de
muchos de ellos, así como influirlos en sentido terapéutico.
Por tanto, no sólo es lícito, sino hasta obligatorio, extender
un esclarecimiento analítico de la melancolía también a la
manía.
No puedo prometer que ese intento se logre plenamente.
Es que no va más allá de la posibilidad de una primera orientación. Aquí se nos ofrecen dos puntos de apoyo: el primero
es una impresión psicoanalítica, y el otro, se estaría autorizado a decir, una experiencia económica general. La impresión, formulada ya por varios investigadores psicoanalíticos,
es esta: la manía no tiene un contenido diverso de la melancolía, y ambas afecciones pugnan con el mismo «complejo»,
al que el yo probablemente sucumbe en la melancolía, mientras que en la manía lo ha dominado o lo ha hecho a un lado.
El otro apoyo nos lo brinda la experiencia según la cual en todos los estados de alegría, júbilo o triunfo, que nos ofrecen el
paradigma normal de la manía, puede reconocerse idéntica
conjunción de condiciones económicas. En ellos entra en juego un influjo externo por el cual un gasto psíquico grande,
mantenido por largo tiempo o realizado a modo de un hábito,
se vuelve por fin superfino, de suerte que queda disponible
para múltiples aplicaciones y posibilidades de descarga. Por
ejemplo: cuando una gran ganancia de dinero libera de pronto a un pobre diablo de la crónica preocupación por el pan de
cada día, cuando una larga y laboriosa brega se ve coronada
al fin por el éxito, cuando se llega a la situación de poder
librarse de golpe de una coacción oprimente, de una disimulación arrastrada de antiguo, etc. Esas situaciones se caracterizan por el empinado talante, las marcas de una descarga
del afecto jubiloso y una mayor presteza para emprender
toda clase de acciones, tal como ocurre en la manía y en completa oposición a la depresión y a la inhibición propias de
la melancolía. Podemos atrevernos a decir que la manía no
es otra cosa que un triunfo así, sólo que en ella otra vez queda oculto para el yo eso que él ha vencido y sobre lo cual
triunfa. A la borrachera alcohólica, que se incluye en la misma serie de estados, quizá se la pueda entender de idéntico
modo (en la medida en que sea alegre); es probable que en
ella se cancelen, por vía tóxica, unos gastos de represión. Los
\cgas se inclinan a suponer que en tal complexión maníaca
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