Freud Duelo y melancolía.pdf


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duelo el camino hacia una figuración del trabajo melancólico. Aquí nos ataja de entrada una incertídumbre. Hasta ahora apenas hemos considerado el punto de vista tópico en el
caso de la melancolía, ni nos hemos preguntado por los sistemas psíquicos en el interior de los cuales y entre los cuales
se cumple su trabajo. ¿Cuánto de los procesos psíquicos de
la afección se juega todavía en las investiduras de objeto inconcientes que se resignaron, y cuánto dentro del yo, en el
sustituto de ellas por identificación?
Se discurre de inmediato y con facilidad se consigna: la
«representación(-cosa) {Dingvorstellung} "" inconciente del
objeto es abandonada por la libido». Pero en realidad esta
representación se apoya en incontables representaciones sin
guiares (sus huellas inconcientes), y la ejecución de ese quite
de libido no puede ser un proceso instantánea, sino, sin duda, como en el caso del duelo, un proceso lento que avanza
poco a poco. ¿Comienza al mismo tiempo en varios lugares
o implica alguna secuencia determinada? No es fácil discernirlo; en los análisis puede comprobarse a menudo que ora
este, ora estotro recuerdo son activados, y que esas quejas
monocordes, fatigantes por su monotonía, provienen empero
en cada caso de una diversa raíz inconciente. Si el objeto no
tiene para el yo una importancia tan grande, una importancia
reforzada por millares de lazos, tampoco es apto para causarle
un duelo o una melancolía. Ese carácter, la ejecución pieza
por pieza del desasimiento de la libido, es por tanto adscribible a la melancolía de igual modo que al duelo; probablemente se apoya en las mismas proporciones económicas y sirve a
idénticas tendencias.
Pero la melancolía, como hemos llegado a saber, contiene
algo más que el duelo normal. La relación con el objeto no
es en ella simple; la complica el conflicto de ambivalencia.
Esta es o bien constitucional, es decir, inherente a todo vínculo de amor de este yo, o nace precisamente de las vivencias
que conllevan la amenaza de la pérdida del objeto. Por eso
la melancolía puede surgir en una gama más vasta de ocasiones que el duelo, que por regla general sólo es desencadenado
por la pérdida real, la muerte del objeto. En la melancolía se
urde una multitud de batallas parciales por el objeto; en ellas
se enfrentan el odio y el amor, el primero pugna por desatar
la libido del objeto, y el otro por salvar del asalto esa posición
libidinal. A estas batallas parciales no podemos situarlas en
otro sistema que el Ice, el reino de las huellas mnémicas de
-" [Cf. «Lo inconciente» (1915e), supra, pág. 198, n. 1. {Véase
también 1 nota de la traducción castellana, supra, pág. 211.}]

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