Freud Duelo y melancolÃa.pdf

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cosa [sachliche Erinnerungspuren) (a diferencia de las investiduras de palabra). Ahí mismo se efectúan los intentos de
desatadura en el duelo, pero en este caso nada impide que
tales procesos prosigan por el camino normal que atraviesa
el Prcc hasta llegar a la conciencia. Este camino está bloqueado para el trabajo melancólico, quizás a consecuencia de una
multiplicidad de causas o de la conjunción de estas. La ambivalencia constitucional pertenece en sí y por sí a lo reprimido,
mientras que las vivencias traumáticas con el objeto pueden
haber activado otro [material] reprimido. Así, de estas batallas de ambivalencia, todo se sustrae de la conciencia hasta
que sobreviene el desenlace característico de la melancolía.
Este consiste, como sabemos, en que la investidura libidinal
amenazada abandona finalmente al objeto, pero sólo para retirarse al lugar del yo del cual había partido. De este modo el
amor se sustrae de la cancelación por su huida al interior del
yo. Tras esta regresión de la libido, el proceso puede devenir
concierne y se representa [reprascn/icrt] ante la conciencia
como un conflicto entre una parte del yo y la instancia
crítica.
Por consiguiente, lo que la conciencia experimenta del
trabajo melancólico no es la pieza esencial de este, ni aquello
a lo cual podemos atribuir una influencia sobre la solución de
la enfermedad. Vemos que el yo se menosprecia y se enfurece
contra sí mismo, y no comprendemos más que el enfermo
adonde lleva eso y cómo puede cambiarse. Es más bien a la
pieza inconciente del trabajo a la que podemos adscribir una
operación tal; en efecto, no tardamos en discernir una analogía esencial entre el trabajo de la melancolía y el del duelo.
Así como el duelo mueve al yo a renunciar al objeto declarándoselo muerto y ofreciéndole como premio el permanecer con
vida, de igual modo cada batalla parcial de ambivalencia afloja la fijación de la libido al objeto desvalorizando este, rebajándolo; por así decir, también victimándolo. De esa manera
se da la posibilidad de que el pleito {Prozess) se termine dentro del Ice, sea después que la furia se desahogó, sea después
que se resignó el objeto por carente de valor. No vemos todavía cuál de estas dos posibilidades pone fin a la melancolía
regularmente o con la mayor frecuencia, ni el modo en que
esa terminación influye soíjre la ulterior trayectoria del caso.
Tal vez el yo pueda gozar de esta satisfacción: le es lícito reconocerse como el mejor, como superior al objeto.
Por más que aceptemos esta concepción del trabajo melancólico, ella no nos proporciona la explicación que buscábamos. Esperábamos derivar de la ambivalencia que reina en la
afección melancólica la condición económica merced a la cual,
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