Freud Duelo y melancolÃa.pdf

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mo y del suicidio, el yo, aunque por caminos enteramente diversos, es sojuzgado por el objeto.^"
Además, respecto de uno de los caracteres llamativos de la
melancolía, el predominio de la angustia de empobrecimiento,,
es sugerente admitir que deriva del erotismo anal arrancado
de sus conexiones y mudado en sentido regresivo.
La melancolía nos plantea todavía otras preguntas cuya
respuesta se nos escapa en parte. La mancomuna al duelo este
rasgo: pasado cierto tiempo desaparece sin dejar tras sí graves secuelas registrables. Con relación a aquel nos enteramos
[supra, págs. 242-3] do que se necesita tiempo para ejecutar
detalle por detalle la orden que dimana del examen de realidad; y cumplido ese trabajo, el yo ha liberado su libido del
objeto perdido. Un trabajo análogo podemos suponer que
ocupa al yo durante la melancolía; aquí como allí nos falta
la comprensión económica del proceso. El insomnio de la melancolía es sin duda testimonio de la pertinacia de ese estado,
de la imposibilidad de efectuar el recogimiento general de las
investiduras que el dormir requiere. El complejo melancólico se comporta como una herida abierta, atrae hacia sí desde
todas partes energías de investidura (que en las neurosis de
trasferencia hemos llamado «contrainvestiduras») y vacía al
yo hasta el empobrecimiento total;'' es fácil que se muestre
resistente contra el deseo de dormir del yo. Un factor probablemente somático, que no ha de declararse psicógcno, es el
alivio que por regla general recibe ese estado al atardecer.
Estas elucidaciones plantean un interrogante: si una pérdida
del yo sin miramiento por el objeto (una afrenta del yo puramente narcisista) no basta para producir el cuadro de la
melancolía, y si un empobrecimiento de la libido yoica, provocado directamente por toxinas, no puede generar ciertas
formas de la afección.
La peculiaridad más notable de la melancolía, y la más menesterosa de esclarecimiento, es su tendencia a volverse del
revés en la manía, un estado que presenta los síntomas opuestos. Según se sabe, no toda melancolía tiene ese destino. Muchos casos trascurren con recidivas periódicas, y en los interim [Freud vuelve sobte el tema del suicidio en cl tnpílulo V de
El yo y el ello (1923¿), AE, 19, pág. 54, y en «El problema económico del masoquismo» (1924c), AE, 19, págs. 175-6.]
i'^ [Esta analogía de la herida abierta aparece ya (ilustrada con
dos diagramas) en un temprano apunte sobre la melancolía, probablemente escrito en enero de 1895 (Freud, 1950a, Manuscrito G),
AE, 1, págs. 245-6. Cf. mi «Nota introductoria», supra, pág. 238.]
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