Freud Duelo y melancolía.pdf


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caciones con el objeto, y aun constituyen un conocido mecanismo de la formación de síntoma, sobre todo en el caso
de la histeria. Pero tenemos derecho a diferenciar la identificación narcisista de la histérica porque en la primera se
resigna la investidura de objeto, mientras que en la segunda
esta persiste y exterioriza un efecto que habitualmente está
circunscrito a ciertas acciones e inervaciones singulares. De
cualquier modo, también en las neurosis de trasferencia h
identificación expresa una comunidad que puede significar
amor. La identificación narcisista es la más originaria, y nos
abre la comprensión de la histérica, menos estudiada.^"
Por tanto, la melancolía toma prestados una parte de sus
caracteres al duelo, y la otra parte a la regresión desde la
elección narcisista de objeto hasta el narcisismo. Por un
lado, como el duelo, es reacción frente a la pérdida real del
objeto de amor, pero además depende de una condición que
falta al duelo normal o lo convierte, toda vez que se presenta, en un duelo patológico. La pérdida del objeto de amor
es una ocasión privilegiada para que campee y salga a la luz
la ambivalencia de los vínculos dé amor.^* Y por eso, cuando preexiste la disposición a la neurosis obsesiva, el conflicto
de ambivalencia presta al duelo una conformación patológica
y lo compele a exteriorizarse en la forma de unos autorreproches, a saber, que uno mismo es culpable de la pérdida
del objeto de amor, vale decir, que la quiso. En esas depresiones de cuño obsesivo tras la muerte de personas amadas
se nos pone por delante eso que el conflicto de ambivalencia opera por sí solo cuando no es acompañado por el recogimiento regresivo de la libido. Las ocasiones de la melancolía rebasan las más de las veces el claro acontecimiento de
la pérdida por causa de muerte y abarcan todas las situaciones de afrenta, de menosprecio y de desengaño en virtud
de las cuales puede instilarse en el vínculo una oposición entre amor y odio o reforzarse una ambivalencia preexistente.
Este conflicto de ambivalencia, de origen más bien externo
unas veces, más bien constitucional otras, no ha de pasarse
por alto entre las premisas de la melancolía. Si el amor por
el objeto —ese amor que no puede resignarse al par que el
objeto mismo es resignado— se refugia en la identificación
narcisista, el odio se ensaña con ese objeto sustitutivo in12 [El tema de la identificación fue abordado luego por Freud
en Psicología de las masas (1921c), AE, 18, págs. 99 y sigs. Sobre
la identificación histérica hay una descripción temprana en La interpretación de los sueños (19O0Í2), AE, 4, págs. 167-8.]
13 [Gran parte de lo que sigue es examinado con más detalle en
el capítulo V de El yo y el ello {1923¿).]

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