Freud Duelo y melancolÃa.pdf

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Y tan pronto se indaga el asunto, él corrobora esta conjetura. Así, se tiene en la mano la clave del cuadro clínico si
se disciernen los autorreproches como reproches contra un
objeto de amor, que desde este han rebotado sobre el yo
propio.
La mujer que conmisera en voz alta a su marido por estar
atado a una mujer de tan nulas prendas quiere quejarse, en
verdad, de la falta de valía de él, en cualquier sentido que
se la entienda. No es mucha maravilla que entre los autorreproches revertidos haya diseminados algunos genuinos; pudieron abrirse paso porque ayudan a encubrir a los otros
y a imposibilitar el conocimiento de la situación, y aun
provienen de los pros y contras que se sopesaron en la disputa de amor que culminó en su pérdida. También la conducta
de los enfermos se hace ahora mucho más comprensible.
Sus quejas {Klagen] .son realmente querellas [Anklagcn],
en el viejo sentido del término. Ellos no se avergüenzan ni
se ocultan: todo eso rebajante que dicen de sí mismos en e!
fondo lo dicen de otro. Y bien lejos están de dar pruebas
frente a quienes los rodean de esa postración y esa sumisión, las únicas actitudes que convendrían a personas tan
indignas; más bien son martirizadores en grado extremo, se
muestran siempre como afrentados y como si hubieran sido
objeto de una gran injusticia. Todo esto es posible exclusivamente porque las reacciones de su conducta provienen
siempre de la constelación anímica de la revuelta, que después, por virtud de un cierto proceso, fueron trasportadas
a la contrición melancólica.
Ahora bien, no hay dificultad alguna en reconstruir este
proceso. Hubo una elección de objeto, una ligadura de la
libido a una persona determinada; por obra de una afrenta
real o un desengaño de parte de la per.sona amada sobrevino
un sacudimiento de ese vínculo de objeto. El resultado no
fue el normal, que habría sido un quite de la libido de ese
objeto y su desplazamiento a uno nuevo, sino otro distinto,
que para producirse parece requerir varias condiciones. La
investidura de objeto resultó poco resistente, fue cancelada,
pero la libido libre no se desplazó a otro objeto sino que
se retiró sobre el yo. Pero ahí no encontró un uso cualquiera, sino que sirvió para establecer una rdcufificación del
yo con el objeto resignado. La sombra del objeto cayó sobre
el yo, quien, en lo sucesivo, pudo ser juzgado por una instancia particular ^ como un objeto, como el objeto abandonado. De esa manera, la pérdida del objeto hubo de mu9 [En la primera edición (1917), esta palabra no aparecía.]
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