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reconocimiento de derechos para los varones es una consecuencia más del orden de la
creación; por el contrario, cualquier reconocimiento de derechos para las mujeres atentan
contra el orden excelso de la creación.
A lo largo del siglo pasado, la maldición bíblica que comenzó a pesar sobre Eva al ser
expulsada del Paraíso fue amplificada en los púlpitos, (denominados "la torre del
cobarde"), en la versión propia del "romanticismo religioso": el drama, el heroísmo, el
sacrificio, la sangre derramada... El drama de la especie humana es que la curiosidad de
una mujer desbarata la existencia "edénica"; la dimensión heroica se encuentra en que,
pese a la fatiga por la expulsión del Paraíso, Adán fue capaz de poblar la tierra y buscar el
sustento; el sacrificio es el tributo a pagar por la curiosidad, las mujeres parirán con dolor
y quedarán sometidas al esposo; la sangre derramada es la del inocente descendiente
Abel, pero, en definitiva, un rayo de esperanza para las virtudes ya que pueden brotar
incluso en la unión desigual entre un héroe y una pecadora. El "romanticismo religioso"
recurre al poder del verbo y los sermones se transforman en géneros literarios con
maestría suficiente para convencer y entusiasmar.
Así pues, frente a tales visiones celestiales y condenaciones infernales, cabe oponer los
argumentos positivistas, los propios de la razón y de la ciencia. También cabe oponer a
los pasajes bíblicos de subordinación aquellos otros en los que se hace explícita la idea
de igualdad entre los sexos: "Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya. A imagen de
Dios le creó, macho y hembra los creó". Sin ninguna restricción los creó iguales para
dominar la tierra, pero no para que uno de los dos sexos dominara sobre el otro. Por esta
razón, la Trinidad, contrariamente a la creencia general, se compone de Padre, Madre e
Hijo Celestiales: "El primer paso en la elevación de la mujer a su verdadera posición como
un factor igual en el progreso humano es el cultivo del sentimiento religioso en torno a su
dignidad e igualdad, el reconocimiento por parte de la nueva generación de una Madre
Celestial ideal a la que deberían dirigirse sus oraciones del mismo modo que al Padre".
Como dos son las versiones de la creación y ambas no pueden ser verdaderas,
necesariamente hay que elegir la mejor, aquella que no suponga vejación alguna para las
mujeres. Así las intérpretes de la Biblia optan, ante los dos relatos de la creación descritos
en el Génesis, por la versión Elohística, según la cual Dios creó a la especie humana el
quinto día. Desechan, por el contrario, la versión Yahveística, según la cual Dios creó el
tercer día al varón y el sexto a la mujer. Consideran que la interpretación dada a este mito
ha justificado a lo largo de la historia del cristianismo la pretendida subordinación de las
mujeres a los varones: "(...) la segunda historia fue manipulada por algún judío en un
intento de dar "autoridad celestial" a la exigencia de que la mujer obedeciera al hombre
con el que se casa".
Al hacerse fuerte la segunda versión se responsabiliza de la "caída del hombre" a la
mujer. Se culpa a Eva de los males de la especie humana. A Lillie Devereux Blake le
resulta asombroso que los hombres pretendieran alguna vez que el dogma de la
inferioridad de la mujer se halle expuesto en la tentación y expulsión del Paraíso, ya que
la conducta de Eva es superior a la de Adán. Afirma la comentarista que el mandato le fue
impuesto a Adán y no a Eva. Ésta sin temor a la muerte y con objeto de alcanzar la
sabiduría tomó del fruto prohibido. La actitud de Adán, por el contrario, fue de extrema
cobardía ya que no interpone ninguna objeción, come del fruto y posteriormente se dedica
a gimotear. Eva, para Elizabeth Cady, representa el coraje, la dignidad y la noble

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