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la tiranc3ada de la falta de estructuras1 .pdf



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LA TIRANIA DE LA
FALTA DE
ESTRUCTURAS

Por Jo Freeman
OJO DE BRUJA
EDICIONES FEMINISTAS Y LESBICAS INDEPENDIENTES

OJO DE BRUJA
Ediciones feministas y
lésbicas independientes.
Una iniciativa autónoma de lesbianas
para hacer circular escritos feministas
contrahegemónicos:
anti-capitalistas,
lésbicos,
radicales,
anti-racistas,
ecofeministas, anarquistas, de teorías
feministas no difundidas, desaparecidas
frente a un contexto liberal-patriarcal, en
la apuesta de que la reflexión crítica y el análisis profundo genera
radicalización de la lucha feminista, su autocrítica y búsqueda de su
identidad, rescatando nuestras propias palabras, pensamiento, herstoria.
ojodebrujadistro@riseup.net http://difusionfeminista.blogspot.com

FOTOCOPIA Y DIFUNDE!
ANTICOPIRIGHT – ANTICOMERCIAL

SOBRE LA AUTORA…

Joreen "Jo" Freeman (Nacida el 26 de Agosto de 1945).

Es una feminista

estadunidense, investigadora política y escritora. Su activismo político empezó en los años 60,
en el movimiento estudiantil de la Universidad de California, y luego en el movimiento de
derechos civiles en San Francisco, participando en demostraciones en contra de las pruebas
nucleares y en acciones piqueteras para obligar empresas que no contrataban
afrodescendientes a cumpliren con derechos de trabajo. En 1967 empieza su actuación en
movimiento de mujeres, cursando una escuela libre de mujeres en Chicago. Junto a la
feminista Shulamith Firestone (autora de "Dialéctica del Sexo") convocaran a las mujeres a
formar un movimiento, donde empezaron a sacar un periódico llamado "Voces de las
Mujeres" que pasa a circular en todo país. En este momento empieza a investigar y estudiar la
experiencia de las mujeres, a escribir artículos y presentar charlas sobre el tema en
universidades y grupos de mujeres. Es autora de muchos escritos clásicos del movimiento de
mujeres, como "La Tiranía de la Falta de Estructura", "Manifesto BITCH" y "Descartando: El
lado oscuro de la sororidad" (Trashing: The Ugly Side of Sisterhood). Publicó libros como "The
Politics of Women's Liberation: A Case Study of an Emerging Social Movement and Its
Relation to the Policy Process" (Las Políticas del Movimiento de Mujeres: Un Estudio de Caso
de un Movimiento Social Emergente y sus relaciones con el Proceso Político), y otros,l sobre
los movimientos políticos de los 70, análisis de las políticas de partido y demás organizaciones
sociales.

LA TIRANIA DE LA FALTA DE ESTRUCTURAS
Por Jo Freeman
En los años de conformación del Movimiento de Liberación de la Mujer, se
ha puesto especial énfasis en lo que se llama grupos sin Liderazgo y
Estructura, como la principal si no la única forma organizativa del
movimiento. El origen de esta idea se encuentra en la reacción natural
contra la sociedad sobreestructurada, en la que estamos inmersos y
contra el inevitable control sobre nuestras vidas que aquella confiere a
otros, así como contra el continuo elitismo de la izquierda y grupos
similares

entre

aquellos

que

supuestamente

combaten

esta

sobreestructuración. Sin embargo, la idea de la falta de estructura ha
pasado de ser una sana contratendencia a convertirse en una idea de
propio derecho. La noción que implica es objeto de tan escaso análisis
como el término es objeto de amplio uso, convirtiéndose en parte
intrínseca e incuestionable de la´ ideología del Movimiento de Liberación.
En la etapa de gestación del movimiento esta cuestión carecía de
importancia; definido su objetivo y método principal, como la toma de
conciencia, el grupo de concienciación sin estructura era un excelente
medio para dicho fin. El carácter relajado e informal que lo regla
propiciaba la participación en las discusiones y el ambiente de apoyo
que normalmente se creaba permitía una mayor percepción de lo
personal. Si los resultados no fueron más concretos que esta percepción
de lo personal la cuestión no tenía mayor importancia, ya que realmente
su objetivo no era otro. Los problemas no comenzaron a surgir hasta que
los pequeños grupos de concienciación agotaron las virtudes de la
concienciación y decidieron que querían hacer algo más concreto. Ante
esta decisión los grupos normalmente se atascaron porque la mayoría no

quería cambiar su estructura al tiempo que modificaban sus tareas. Las
mujeres habían aceptado plenamente la idea de la falta de estructura sin
percatarse de los límites que encerraba su aplicación. Se trató de utilizar
el grupo sin estructura y las charlas informales, en cuestiones no
adecuadas basándose en la ciega creencia de que cualquier otra forma
organizativa no podía ser más que opresiva.
Si el movimiento pretende expandirse más allá de estas etapas
elementales de desarrollo tendrá que abandonar algunos de sus
prejuicios

sobre

la

organización

y

la

estructura.

No

hay

nada

inherentemente pernicioso en estas dos cuestiones; ambas pueden ser y
son frecuentemente mal empleadas pero rechazadas de pleno porque su
empleo no es correcto, es lo mismo que negar los instrumentos necesarios
para su posterior desarrollo. Es necesario por lo tanto comprender por qué
no funciona la falta de estructura.
ESTRUCTURAS FORMALES E INFORMALES
Al contrario de lo que nos gustaría creer no existe algo similar a un grupo
sin estructuras. Cualquier grupo de personas que, por razones se une
durante un periodo de tiempo determinado y con un objetivo cualquiera,
se dará inevitablemente una u otra forma de estructura: ésta podrá ser
flexible y variará con el tiempo; tal, vez sirva para distribuir tareas
equitativa o injustamente y también para distribuir el poder y la influencia
entre los distintos miembros del grupo, pero aquella se conformará
independientemente de la personalidad, facultades, o intereses de las
personas que lo componen. El simple hecho de ser individuos con talento,
predisposiciones y procedencias distintas hace que este hecho sea
inevitable. Sólo si nos negamos a relacionamos o a interactuar sobre

cualquier base podríamos aproximarnos a algo similar a un grupo sin
estructura, y no es ésta exactamente la naturaleza de un grupo humano.
Lo anterior quiere decir que, aspirar a crear un grupo sin estructura es tan
inútil y engañoso como pretender que existan noticias objetivas que las
ciencias sociales estén libres de valores ó que exista una economía libre.
Un grupo laissez-faire es tan realista como una sociedad laissez-faire: la
noción de grupo sin estructura se convierte en una cortina de humo que
favorece a los fuertes ó a aquellas personas que pueden establecer su
hegemonía incuestionable sobre los demás. Esta forma de hegemonía
puede establecerse muy fácilmente porque la noción de falta de
estructura no impide la creación de estructuras informales; solo lo impide
de las formales. De forma similar, la filosofía del laissez-faire no impidió a los
económicamente prepotentes establecer un control sobre los salarios, los
precios y la distribución de los bienes; únicamente impedía que el
gobierno lo hiciera. Así, la falta de estructura feminista, es normalmente
defendida por aquellas que tienen mayor poder (sean o no conscientes
de ello).
En la medida en que la estructura del grupo es informal, las normas de
cómo se toman decisiones son sólo conocidas por unas pocas, y la
conciencia de que existe una relación de poder se limita a aquellas que
conocen las normas. Aquellas que no las conocen, o no han sido
seleccionadas para su iniciación permanecerán en la confusión o sufrirán
la paranoica impresión de que ocurre algo de lo que no tienen plena
conciencia. En la manera que cualquier persona tenga la oportunidad de
involucrarse en un grupo o de participar en sus actividades, la estructura
del mismo deberá ser explícita, no implícita. Las normas de cómo se
toman las decisiones deben ser abiertas y conocidas por todas, lo que

sólo ocurrirá si son formalizadas; esto no quiere decir que la formalización
de la estructura de un grupo destruya necesariamente su estructura
informal, normalmente no ocurre así, pero sí impide que la estructura
informal tenga un control predominante, al tiempo que ofrece mejores
medios para atacarlas si la gente involucrada no responde a las
necesidades generales del grupo.
La falta de estructura es organizativamente imposible. No se puede
decidir si se quiere formar un grupo con o sin estructura; a partir de ahora
este vocablo sólo será empleado para referirnos a la idea que representa:
el término falta de estructura será empleado para referirnos a aquellos
grupos que no han sido estructurados conscientemente en una u otra
forma; por el contrario nos referiremos a grupos estructurados al hablar de
aquellos que lo han hecho conscientemente. Un grupo estructurado
siempre tiene una estructura formal y, también puede tener una
estructura

informal

o

encubierta.

Es

esta

estructura

informal,

especialmente en los grupos no estructurados, la que crea las bases para
el desarrollo de élites.
LA NATURALEZA DEL ELITISMO
El término elitista es probablemente aquél que ha sido objeto de mayor
abuso en el movimiento de liberación de la mujer. Cuando se utiliza en el
movimiento normalmente se refiere a individuos concretos, aunque las
características y actividades personales de aquellas a quienes se aplica
difieran notablemente. Un individuo en cuanto tal no puede ser elitista, ya
que la única aplicación adecuada de este término es si está referida a un
grupo. Ninguna persona, independientemente de lo bien conocida que
sea, puede ser una élite. Correctamente el término élite se refería a una

pequeño grupo de gente que dominaba otro grupo mayor del que es
parte, sin tener normalmente una responsabilidad directa sobre este
grupo mayor y, actuaba frecuentemente, sin su consentimiento o
conocimiento.
Una persona se convierte en elitista al ser parte de o defender la
dirigencia de ese pequeño grupo, independientemente de que sea
conocida o no por los demás. La notoriedad no es equivalente de
elitismo. Las élites más insidiosas están habitualmente compuestas por
gente que el gran público desconoce. Las élites inteligentes son, por lo
general, lo suficientemente sagaces como para no darse a conocer;
saben que si son conocidas se les observa, y la máscara que encubre su
poder deja de ser salvaguardada.
El hecho de que las élites sean informales no quiere decir que sean
invisibles. En la reunión de cualquier grupo pequeño quien quiera que
tenga un ojo avizor y una oreja atenta puede darse cuenta de quién
influye sobre quién. Los miembros de un grupo con buenas relaciones
entre sí se relacionarán con mayor frecuencia que otra gente. Se
escuchan más atentamente y se interrumpen menos; repiten los puntos
de vista u opiniones de los otros y si hay conflicto ceden más
amigablemente; también tienden a ignorar 6 a luchara brazo partido con
los ajenos ('out), cuyo asentimiento no es necesario para tomar una
decisión, sin embargo los ajenos ('out) necesitan mantener buenas
relaciones con los in. Evidentemente las líneas de demarcación no están
tan delimitadas como yo he establecido aquí: en la interacción se
producen matices; no se suele actuar sobre un guión escrito: una vez que
se conoce a quien se debe consultar antes de tomar una decisión y de
quien depende el sello de la aceptación, se sabe quien dirige los asuntos.

Y sin embargo, como cualquier actitud en un grupo está sujeta a
interrelaci6n y reciprocidad, quien se niega a este juego lo ignora.
Contar con todas, consultar a todas. Las élites no son grupos de
conspiración;

rara

vez

un

grupo

pequeño

se

reúne

y

trata

deliberadamente de acaparar a otro grupo mayor para sus fines. Las
élites son nada más y nada menos que grupos de amigas que,
incidentalmente, participan en la misma actividad política, aunque por
otro

lado,

probablemente

llevarían

una

actividad

política

independientemente de que mantuvieran o no una amistad. La
coincidencia de estos dos hechos es lo que genera una élite en un grupo
determinado y también lo que hace tan dificultosa su ruptura. Estos
grupos de amigas funcionan con redes de comunicación al margen de
cualquier canal que el grupo haya establecido con este fin y, si no existen
canales, funcionan como la única red de comunicación; porque esta
gente es amiga, porque habitualmente comparten los mismos valores y
concepciones políticas, porque se hablan en circunstancias de la vida
cotidiana, porque se consultan cuando tienen que tomar pequeñas
decisiones sobre sus vidas, la gente que participa en estas redes tiene más
poder que aquella que no participa. Es raro el grupo que no establece
alguna red informal de comunicación a través de las amigas que en él se
hacen.
Algunos grupos, depende de su tamaño, pueden tener más de una red
informal de comunicación, incluso éstas pueden entremezclarse. Cuando
solo existe una red de este tipo, ésta se convierte en la élite del grupo sin
estructura independientemente de que sus miembros quieran o no ser
elitistas. Si por otro lado, es la única red existente en un grupo estructurado
aquella puede o no equivaler a su élite, dependiendo de la composición

y naturaleza de su estructura formal. Si existen dos o más redes de amigas,
tal vez éstas compitan entre sí por el poder en el grupo, creando de esta
forma tracciones; también puede ocurrir que una de las tracciones
deliberadamente abandone la competición dejando a la otra como élite
del grupo.
En un grupo estructurado coexisten normalmente dos o más redes de
amigas que compiten entre sí por el poder formal. Podría considerarse
que ésta es la situación más sana, ya que los miembros restantes pueden
actuar de árbitros entre los dos grupos que compiten por el poder y, de
esta forma plantear determinadas exigencias a aquellos con los que se
alían temporalmente. El carácter inevitablemente elitista y exclusivista de
las redes de comunicación informal entre amigas no es una peculiaridad
del movimiento feminista ni un fenómeno nuevo para las mujeres. Este tipo
de relaciones informales han servido durante siglos para excluir a las
mujeres de participar en grupos integrados de los que eran parte. En
cualquier profesión u organización estas redes han creado una
mentalidad de grupo cerrado al igual que los lazos de compañero de
colegio han impedido con eficacia que las mujeres (alguna) como grupo
(así como algunos hombres aislados) tuvieran acceso igualitario a los
recursos de poder o a un reconocimiento social.
Gran parte del esfuerzo de los movimientos feministas del pasado ha
estado dirigido a formalizar las estructuras de decisión y los procesos de
selección con objeto de facilitar el ataque directo contra los mecanismos
de exclusión de las mujeres, pero no ha tenido lugar dentro del propio
Movimiento Feminista porque inconscientemente se plantea que todas
son mujeres (en teoría todas iguales, una clase). Como bien sabemos,
estos esfuerzos no han impedido la persistencia de la discriminación

contra la mujer, aunque por lo menos ésta se ha hecho más difícil. Dado
que los grupos del movimiento no han tomado decisiones concretas
respecto de quien debe ejercer el poder en su seno, los criterios que se
siguen difieren de uno a otro punto del país, los cuales responden por
ejemplo, en la primera etapa del movimiento, el matrimonio era
normalmente un pre-requisito para participar en la élite informal.
Es decir, de acuerdo con las enseñanzas tradicionales las casadas se
relacionan fundamentalmente entre sí, considerando que las solteras son
un peligro excesivo como amigas íntimas. En muchas ciudades el criterio
fue matizado incluyendo en la élite exclusivamente a aquellas que
estaban casadas con hombres de la nueva izquierda. Esta norma
encierra algo más que la simple tradición, ya que los hombres de la nueva
izquierda tienen normalmente acceso a recursos que el movimiento
necesitaba a través de los hombres, en vez de por sí solas. Con el
transcurso del tiempo el movimiento ha cambiado y el matrimonio ha
dejado de ser un criterio universalmente válido para la participación real,
si bien todas las élites informales adoptan normas por las que sólo pueden
pasar a ser miembros mujeres que tienen determinadas características
materiales o personales. Estas normalmente son: procedencia de clase
media (a pesar de toda la retórica existente sobre relacionarse con la
clase trabajadora), estar casada; no estar casada pero vivir con alguien,
ser o pretender ser una lesbiana, tener entre 20 y 30 años, haber
estudiado en la universidad o tener al menos cierto nivel educativo, ser
marginal y no ser demasiado marginal tener una postura política o
reconocimiento de progre tener hijos o, cuando menos, que a uno le
gusten los niños, no tener hijos, tener una personalidad en cierta manera
femenina con características tales como ser agradable vestirse de forma
adecuada (bien sea de forma tradicional o con un estilo moderno) etc.,

también existen determinadas características que casi inevitablemente
definirán como persona marginal con quien no hay que relacionarse,
éstas incluyen: ser demasiado mayor, tener una jornada de trabajo de 8
horas y, aún más, si se tiene una intensa dedicación profesional no ser
agra- dable'' y ser soltera de forma explícita (es decir, no tener una
actividad hetero u homosexual ). Podríamos añadir otros criterios de
selección pero todos tendrían cierta relación con los anteriormente
enumerados; los pre-requisitos típicos para participar en las élites
informales del movimiento, y, por lo tanto, para ejercer cierta forma de
poder, tienen relación con la clase social, la personalidad y la disposición
de tiempo. No incluyen la competencia, la dedicación al feminismo, el
talento o la potencial contribución al movimiento; aquellos son los criterios
que se emplean para establecer una amistad, éstos los que cualquier
movimiento u organización ha de adoptar si quiere tener una cierta
eficacia política. La normas para participar pueden variar de grupo en
grupo, pero las vías de incorporación de la élite informal -si uno responde
a los criterios establecidos- es muy parecida en todos los lados.
La única diferencia substancial reside en que uno haya estado en el
grupo desde un comienzo o se haya incorporado una vez formado. Si se
es parte desde el comienzo es importante que el mayor número de
amigas se incorpore al tiempo. Si por el contrario, ninguno de los
miembros se conoce muy bien, debe entonces establecer amistad con
un grupo selecto y fijar las normas de interacción informal básicas para la
creación de cualquier estructura informal. Una vez creadas las normas
informales éstas se mantienen a sí mismas, siendo una de las mejores
tácticas para ello el continuo reclutamiento de nueva gente que encaje.

Una se incorpora a una élite de forma similar a como una se compromete
con una "sororidad". Si alguien es considerado como una persona que
promete, ésta es 'empujada' por los miembros de la estructura informal y,
según el caso, iniciada o dejada de lado. Si la sororidad no tiene la
suficiente conciencia política como para conscientemente iniciar el
proceso, éste puede desencadenarse de forma similar a coma uno se
hace miembro de la élite que goce de respeto en su seno y cultivar
activamente su amistad. Es muy probable que en un futuro te introduzca
al grupo iniciado. Todos estos procedimientos llevan su tiempo, de forma
que si se trabaja ocho horas o se tiene alguna obligación similar es
normalmente imposible llegar a ser parte de la élite, simplemente porque
no hay suficientes horas para asistir a todas las reuniones y cultivar las
relaciones personales necesarias para tener voz en la toma de decisiones;
ésta es la razón por la que las estructuras formales para la toma de
decisiones son un regalo para las personas cargadas de trabajo. Contar
con un procedimiento fijo para tomar decisiones garantiza, hasta cierto
punto, la participación de todos y cada uno de los miembros. Aunque
esta disección del proceso de formación de una élite en los grupos
pequeños ha sido expuesta desde una perspectiva crítica, no ha sido
hecha

en

la

creencia

de

que

las

estructuras

informales

sean

inevitablemente malas, simplemente son evitables. Todos los grupos crean
estructuras informales como consecuencia de las normas de interacción
entre los miembros del grupo, estas estructuras informales pueden ser muy
útiles. Pero sólo los grupos sin estructura están totalmente regidos por ellas.
Cuando las élites informales se conjugan con el mito de la falta de
estructura, es impensable tratar de poner cortapisas al uso del poder, éste
pasará a ser arbitrario. Lo dicho hasta el momento encierra dos
consecuencias potencialmente negativas, de las que debemos ser

conscientes, la primera es que la estructura informal guardará una gran
semejanza con una sororidad en donde cuando se escucha a alguien es
porque te cae bien y no porque diga cosas significativas. En la medida en
que el movimiento no desarrolla una actividad externa, lo anterior no
tiene mayor importancia, pero si su evolución no ha de detenerse en esta
etapa preliminar necesariamente tendrá que modificar dicha tendencia.
La segunda consecuencia negativa se cifra en que las estructuras
informales no obligan a las personas que lo integran a responder ante el
grupo en general. El poder que ejercen no les fue entregado y por lo
tanto no se les puede arrebatar. Su influencia, no se basa en lo que ellas
hacen por el grupo y, por lo tanto, no pueden ser directamente influidas
por el mismo. De lo anterior no se deduce necesariamente que las
estructuras informales den lugar a un comportamiento irresponsable cara
al grupo, ya que aquellas personas a quienes les interesa mantener su
influencia tratarán normalmente de responder ante el grupo, lo que
ocurre es que éste no puede exigir dicha responsabilidad, depende de los
intereses de la élite.
EL SISTEMA DE ESTRELLAS
La noción de falta de estructura ha creado el sistema de estrellas. Vivimos
en una sociedad en la que se espera que los grupos políticos tomen
decisiones y designen a determinadas personas para que las expongan
ante el público en general. La prensa al igual que el público no sabe
escuchar con seriedad a las mujeres, en cuanto mujeres, quieren saber lo
que el grupo piensa. Hasta el momento existen tres técnicas para
conocer la opinión de amplios sectores, el voto o el referéndum, el
sondeo

de opinión

pública, y

la

alocución

de portavoces

en

determinados mítines. El Movimiento de Liberación de la Mujer no ha
empleado ninguna de estas técnicas para comunicarse con el público. Ni
el movimiento en su conjunto ni la mayoría del sin número de grupos que
lo componen han concretado la forma de conocer o dar a conocer su
posición sobre temas varios. Sin embargo, el público está condicionado a
que existan portavoces. Si bien es cierto que el movimiento no ha
designado explícitamente portavoces, sí ha lanzado a muchas mujeres
que han atraído la atención del público por diversas razones.
Estas mujeres no representan normalmente a un grupo determinado o un
estado de opinión; ellas lo saben y normalmente así lo dicen, pero dado
que no existe un portavoz público del movimiento para dar a conocer la
postura del mismo ante un tema, dichas mujeres son utilizadas como
portavoces. De esta forma, independientemente de su voluntad e
independientemente de que el movimiento lo acepte o no, las mujeres
que

gozan

de

cierta

notoriedad

se

encuentran

por

defecto

desempeñando el papel de portavoces. Esta es una de las causas
principales del resentimiento que muy frecuentemente se siente hacia
estas mujeres, designadas como las estrellas. Puesto que las mujeres del
movimiento no las designaron para exponer sus puntos de vista aquellas
se sienten agraviadas cuando la prensa presume que sí lo hacen. Pero en
la medida en que el movimiento no designe sus propios portavoces estas
mujeres se verán empujadas por la prensa y el público a desempeñar
dicho papel, independientemente de sus propios deseos. Son varias las
consecuencias negativas que se deducen de lo anterior tanto para el
movimiento como para las mujeres llamadas estrellas. En primer lugar
porque el movimiento, al no haberlas designado como portavoces, está
maniatado para revocar su mandato, la prensa las situó en ese lugar y
sólo la prensa es quien puede optar por prestarles o no atención. Aquella

continuará buscando estrellas para que actúen como portavoces, en la
medida en que no existan alternativas oficiales a las que acudir en busca
de

declaraciones

representativas

del

movimiento;

asimismo,

el

movimiento carecerá de control en la designación de sus portavoces en
la medida en que siga creyendo que no debe tener ningún portavoz. En
segundo lugar las mujeres que se encuentren en esta situación son
frecuentemente objeto de ataques virulentos por parte de sus hermanas,
actitud en absoluto positiva para el movimiento y también dolorosamente
destructiva para las mujeres afectadas. Estos ataques sólo conducen a
que

estas

mujeres

abandonen

el

movimiento

-muchas

veces

profundamente ofendidas- ó a que dejen de sentirse responsables ante
sus hermanas; tal vez, mantengan cierta lealtad difusamente manifestada
hacia el movimiento, pero dejarán de ser susceptibles a las presiones de
otras mujeres del movimiento. Uno no puede sentirse responsable hacia
aquella gente que es la causa de tal sufrimiento sin tener algo de
masoquista y, normalmente, estas mujeres son demasiado fuertes como
para someterse a este tipo de presión personal. De esta forma la reacción
ante el sistema de estrellas anima de hecho el mismo tipo de
irresponsabilidad

individualista

que

el

movimiento

condena,

el

movimiento al purgar a una hermana por actuar de estrella pierde
cualquier forma de control que pudiera haber ejercido sobre ella la cual
se siente entonces libre para cometer todos los pecados individualistas de
que ha sido acusada.

LA IMPOTENCIA POLÍTICA
Los grupos sin estructura pueden ser muy eficaces para conseguir que las
mujeres hablen de sus propias vidas pero no son tan eficaces en llevar
adelante alguna actividad política, se estancan, cuando las personas
que lo componen no hacen otra cosa que hablar a no ser que
modifiquen su forma y quieran llevar a cabo otra actividad. Puesto que el
movimiento en la mayoría de las ciudades está tan falto de estructura
como los grupos de concienciación que lo componen, no es más eficaz
al enfrentarse con tareas concretas que los propios grupos aislados.
La estructura informal que lo caracteriza rara vez tiene la suficiente
cohesión o está lo suficientemente arraigada entre las mujeres como para
lograr una incidencia real, en consecuencia el movimiento genera
mucha

actividad

y

pocos

resultados.

Desafortunadamente

las

consecuencias que se desprenden de esta actividad no son tan inocuas
como sus escasos resultados, siendo su víctima el propio movimiento.
Algunos grupos cuando no son muy grandes y trabajan en pequeña
escala, han centrado su actividad en proyectos locales. Sin embargo,
esta opción restringe la actividad del movimiento a nivel local y no opera
en un ámbito regional o nacional. Así mismo estos grupos, con objeto de
tener un funcionamiento operativo quedan finalmente reducidos al grupo
informal de amigas que inicialmente lo controlaban, lo que excluye a
otras muchas mujeres. En la medida en que la última forma asequible de
participar en el movimiento sea a través de los pequeños grupos de
mujeres no gregarias se encuentran en notable desventaja. Finalmente,
en la medida que la vía principal para llevar a cabo una actividad
organizada se limite a los grupos de amigas, el elitismo quedará

institucionalizado. En aquellos grupos que no encuentren un proyecto
local a que dedicarse, la razón de su existencia queda limitada a
permanecer unidas. Cuando un grupo no tiene actividades concretas y la
concienciación sí es una actividad concreta las mujeres que lo integran
dedican sus energías a controlar a las restantes, lo cual no es tanto
consecuencia de un deseo pernicioso de controlar a las demás (aunque
a veces lo es), como producto de la incapacidad para mejor encauzar
sus facultades. Las personas capaces, las que disponen de tiempo y
necesitan justificar por qué se agrupan, dedican sus esfuerzos al control
ajeno y consumen su tiempo criticando las personalidades de los otros
miembros del grupo: las luchas internas y el juego por el poder se
imponen. Sin embargo, cuando un grupo lleva adelante algún tipo de
actividad la gente aprende a llevarse con los demás y a eludir las
antipatías personales en función del objetivo más amplio. La necesidad
de remodelar a las personas atendiendo a la imagen que de ellas
tenemos, encuentra sus propios límites. La crisis de los grupos de
concienciación deja a la gente sin lugar al que acudir, y la falta de
estructura les deja sin punto de referencia. En este caso, las mujeres del
movimiento se repliegan sobre sí mismas o sus hermanas o buscan otras
alternativas para actuar, aunque pocas asequibles. Algunas mujeres se
dedican a sus asuntos lo que puede desencadenar una explosión de
creatividad individual de la que, en gran parte, se beneficiará el
movimiento, aunque esta no sea una alternativa válida para la mayoría y
desde luego, no propicie un espíritu de esfuerzo conjunto de grupo. Otras
abandonan el movimiento porque no quieren desarrollar un proyecto
individual y tampoco encuentran la forma de sumarse o iniciar un
proyecto colectivo que les interese. Otras muchas se dirigen hacia
organizaciones políticas que les ofrecen el tipo de estructura y actividad
externa que no han logrado encontrar en el movimiento de mujeres,

aquellas organizaciones políticas que conciben el movimiento de
liberación como uno de los muchos temas a los que las mujeres deben
dedicar su tiempo, encuentran en el movimiento un camino de
reclutamiento de nuevas afiliadas. Estas organizaciones no necesitan
infiltrarse, (aunque esta opción no quede excluida) ya que el desea de
una actividad política coherente generada en las mujeres a partir de su
participación en el movimiento, es suficiente para animar a incorporarse a
otra organización cuando el movimiento no ofrece cauce a sus energías
y proyectos. Las mujeres que se adhieren a otras organizaciones políticas,
permaneciendo al tiempo en el Movimiento de Liberación de la Mujer, o
aquellas que se incorporan al movimiento al tiempo que militan en otras
organizaciones políticas, se convierten a su vez en el marco de nuevas
estructuras informales. Estos círculos de amigas se basan más en su común
actividad política -no feminista-, que en las características anteriormente
apuntadas aunque, en última instancia, actúan de forma muy similar.
Estas mujeres al compartir los mismos valores, ideas y concepciones
políticas se convierten asimismo en élites informales, sin una estructura
planeada o formal, sin responsabilidad ante el grupo y actúan por
derecho propio, sea o no su intención.
En

los

grupos

del

movimiento

las

nuevas

élites

informales

son

frecuentemente consideradas como una amenaza por las antiguas,
dicho sentimiento de amenaza responde a la realidad. Estas nuevas redes
políticamente encadenadas rara vez se conforman con limitarse a ser
meras sororidades como de hecho lo eran las antiguas y quieren hacer
proselitismo de sus ideas políticas y feministas, actitud por otro lado
absolutamente

natural,

aunque

sus

implicaciones

no

han

sido

plenamente analizadas por el movimiento feminista. Las antiguas élites

rara vez están dispuestas a exponer abiertamente sus diferencias porque
ello implicaría descubrir la naturaleza de la estructura informal del grupo.
Muchas de estas élites informales se han protegido bajo la bandera del
anti-elitismo y la falta de estructura. Con objeto de contrarrestar
eficazmente la competencia de una nueva estructura informal del grupo
tendrían que manifestarse públicamente alternativas que estarían
cargadas de arriesgadas consecuencias. Así, para mantener su poder es
más fácil racionalizar la exclusión de la otra estructura informal por el
procedimiento de acusarlas de rajas reformistas, lesbianas o la única
alternativa real consiste en estructurar formalmente el grupo de forma tal
que la estructura de poder inicial quede institucionalizada. Pero esto no
siempre es posible. Lo es, si con anterioridad las élites informales gozaban
de suficiente cohesión y habían en gran medida, acaparado el poder.
Estos grupos cuentan en su haber con un pasado de cierta eficacia
política, si la cohesión de la estructura informal se ha manifestado como
un

funcionamiento

no

se

modifica

sustancialmente,

aunque

la

institucionalización de la estructura de poder propicia su cuestionamiento
formal.

Los

grupos

que

más

necesitan

de

una

estructura

son

frecuentemente los más capaces para crearla. Sus estructuras informales
no han sido suficientemente conformadas y su adhesión a la ideología de
la falta de estructura les lleva a ser reacias, a cambiar su técnica. Cuanto
menos estructurado es un grupo, cuanto mayor es su falta de estructuras
informales y cuanto más se aterra a la ideología de la falta de estructura
tanto más vulnerable es a ser acaparado por un grupo de camaradas
políticos. Dado que el movimiento en su conjunto está tan falto de
estructura como la mayoría de los grupos que lo componen, es tan

susceptible como éstos de ser directamente influido, aunque el fenómeno
se manifieste de una forma distinta.
A nivel local la mayoría de los grupos pueden actuar autónomamente
pero, los únicos grupos que pueden hacerlo a escala nacional están
organizados sobre estas bases. En consecuencia ocurre frecuentemente
que son las organizaciones feministas estructura- das las que ofrecen
directrices de ámbito nacional en las actividades feministas, directrices
que están determinadas por las prioridades que rigen en dichas
organizaciones. Así grupas como NOE y VEAL, y algunos colectivos de
mujeres de la izquierda, son las únicas organizaciones capaces de montar
una campaña nacional. Los innumerables grupos invertebrados del MLM
pueden optar por apoyar o no estas campañas nacionales, pero no
tienen capacidad de montar las suyas propias, siendo así que sus
miembros se convierten en la clase de tropa de las organizaciones
estructuradas; los grupos que se dice no estructurados no tienen forma de
beneficiarse de los amplios recursos del movimiento para defender sus
prioridades, ni siquiera cuentan con un método para decidir cuáles son
aquellas.
Cuanto menos estructurado es un movimiento menos es su control sobre
el proceso de expansión en que se desarrolla y sobre las acciones
políticas en que se empeña, lo cual no quiere decir que sus ideas no se
divulguen. Si existe cierto interés por porte de los medios de comunicación
y si se dan las condiciones adecuadas, las ideas del movimiento feminista
tendrán amplia difusión, pero la difusión en determinadas ideas no
implica necesariamente que estos sean llevados a la práctica, sino
simplemente que son objeto discusión. En la medida en que el ideario
feminista, pueda llevarse a la práctica se podrá actuar de acuerdo, pero

si su realización exige una fuerza política coordinada no podrá actuarse
en concordancia. Siempre que el movimiento de liberación de la mujer
mantenga como forma organizativa los pequeños e inactivos grupos de
discusión entre amigas, los peores problemas de la falta de estructura
brillarán por su ausencia, pero esta forma de organizarse tiene sus propios
límites: es políticamente ineficaz, exclusivista y discriminatoria para las
mujeres que no están o no pueden estar ligados a círculos amistosos.
Aquellas que no encajan en las organizaciones existentes por causa de su
clase, raza, ocupación, educación, estado civil o materno, personalidad,
etc., inevitablemente se sentirán desanimadas a incorporarse, aquellas
que por el contrario si encajan, desarrollarán intereses encubiertas para
mantener las cosas tal como están.
Los intereses encubiertos de los grupos informales se verán reforzados a su
vez por las estructuras informales existentes y el movimiento no tendrá
forma de determinar las personas que deberán ejercer el poder en su
seno.

Si

el

movimiento

prosigue

eludiendo

deliberadamente

la

responsabilidad de designar las personas que ejerzan el poder, seguirán
sin tener formas para abolirlo, de hecho su actitud se reduce a abdicar el
derecho de exigir que aquellas personas que de hecho lo ejercen sean
responsables de ello. Asimismo si el movimiento se empeña en diluir el
poder

al

máximo

posible

porque

sabe

que

no

puede

exigir

responsabilidades a las personas que de hecho lo ejercen, impedirá que
un grupo o persona lo domine totalmente aunque simultáneamente
garantice su máxima ineficacia posible. Es necesario encontrar una
solución intermedia entre las estructuras de dominación y la ineficacia.
Estos problemas están alcanzando su punto rígido actualmente debido a
que el movimiento está necesariamente cambiando en su naturaleza. La
concienciación como principal función del Movimiento de Liberación de

la Mujer comienza a ser absoluta. Debido a la intensa propaganda en los
dos últimos años de los medios de comunicación y también a los
numerosos artículos y libros que actualmente circulan, la liberación de la
mujer se ha convertido en un tema cotidiano. Sus temas son debatidos y
surgen grupos de discusión cuyas mujeres no tienen ninguna conexión
explícita con los grupos del movimiento. El movimiento debe indicar otro
tipo de tareas, necesita establecer sus prioridades, articular sus objetivos, y
proseguir en sus campañas de forma coordinada y para hacerlo, ha de
organizarse a escalas local, regional y nacional.
PRINCIPIOS PARA UNA ESTRUCTURACIÓN DEMOCRÁTICA
Una vez que el movimiento deja de aterrarse tenazmente a la ideología
de la falta de estructuras tiene la posibilidad de desarrollar aquellas
formas organizativas que mejor se adecuen a su funcionamiento, lo que
no quiere decir que debamos irnos al otro extremo, y ciegamente imitar
las formas tradicionales de organización; pero tampoco debemos
rechazarlas

todas

con

igual

ceguera,

algunas

de

las

técnicas

tradicionales serán útiles aunque no perfectas, otras no ofrecerán atisbos
de lo que debemos o no debemos hacer para lograr determinados
objetivos con un coste mínimo para las personas que componen el
movimiento; pero sobre todo, tendremos que ensayar distintas formas de
estructuración y desarrollar técnicas varias a emplear en situaciones
diversas. El sistema de sorteo es una de las ideas que han surgido del
movimiento. No es aplicable a todas las situaciones aunque si es útil en
algunas, hacen falta más ideas para desarrollar una estructura, pero
antes de empezar cualquier experimento inteligente debemos aceptar la
opción de que no hay nada inherentemente pernicioso en la propia
estructura, sólo su excesiva presencia. En tanto que iniciamos este

proceso de ensayo-error podemos tener presentes algunos principios que
son fundamentales para cualquier estructuración que aspire a ser
democrática y también políticamente eficaz por métodos democráticos.
Estos principios son:
1.- La delegación por métodos democráticos, da formas específicas de
autoridad a personas concretas y para tareas delimitadas; permitir que
algunas personas asuman trabajos o tareas por defecto no quiere decir
más que no serán realizados con seriedad. Si alguien es seleccionado
para realizar una tarea, preferiblemente tras expresar su interés y voluntad
de llevarla a cabo han adquirido el compromiso y no puede ser
fácilmente ignorado.
2.- Exigir a las personas en quienes se ha delegado autoridad que sean
responsables ante aquellas que los han elegido. De esta forma el grupo
tiene control sobre las personas que se encuentran en posiciones de
autoridad. Individuos aislados ejercerán el poder pero es el grupo quien
tiene la última palabra sobre cómo aquel ha de ejercerse.
3.- Distribución de la autoridad entre el mayor número de gente que sea
razonablemente posible, lo que impide que se cree un monopolio de
poder y exige a las personas que se encuentren en puestos de autoridad
a consultar otras muchas en el proceso de ejercerlo, también ofrece la
posibilidad de que mucha gente adquiera responsabilidad sobre tareas
específicas y, por lo tanto se desarrolle en distintas facetas.
4.- Rotación de puestos entre distintas personas. Designar a una persona a
un puesto porque goza de simpatías en el grupo o entorpecer su labor
porque no las tiene, no beneficia a largo plazo ni al grupo ni a la persona

en concreto. La capacidad, el interés y la responsabilidad, han de ser las
premisas que actúen en dicha selección. Deben en este sentido,
ofrecerse

oportunidades

para

que

la

gente

adquiera

nuevas

capacidades, pero, la mejor forma de llevar esto a cabo es mediante un
programa de aprendizaje y no por el método de echarse al agua para
aprender a nadar. Asumir una responsabilidad que no se domina bien es
muy desmoralizador, a la inversa, estar en una lista negra por actuar
correctamente no es muy animoso para potenciar las propias facultades.
Las mujeres han sido penalizadas por actuar de forma competente a lo
largo de la historia y no es necesario que el movimiento reproduzca el
mismo proceso.
5.- Difusión de la información a todo el mundo lo más frecuentemente
posible. La información es poder. El acceso a la información aumenta el
propio poder; cuando una red informal divulga nuevas ideas e
información del grupo fuera del mismo, está desencadenando un
proceso de formación de opinión sin contar con aquel. Cuanto más se
conoce sobre el funcionamiento de cualquier cosa y mayor es la
información de lo que ocurre, mayor será la eficacia política de los
miembros del grupo.
6.- Acceso igualitario a los recursos que el grupo necesita, lo que siempre
es factible, aunque deba proporcionarse un miembro que mantenga el
monopolio sobre un recurso necesario (una multicopista a la que tiene
acceso por vía del marido a un cuarto de revelado) puede condicionar
en exceso el empleo de este recurso. Los conocimientos de los distintos
miembros pueden ser igualmente asequibles si aquellos están dispuestos a
enseñárselos a los demás, intercambio de material, etc. Si estos principios
son aplicados queda garantizado que, cualquiera que sean las

estructuras desarrolladas por los distintos grupos del movimiento, aquellos
están controlados y responden ante el grupo. El conjunto de personas
que se encuentre en puestos de autoridad será amplio, flexible, abierto y
temporal. No podrán fácilmente institucionalizar su poder porque las
decisiones últimas serán tomadas por el grupo en su conjunto. Este tendrá
la capacidad de decidir las personas que ejerzan autoridad en su seno.
Traducción: Fany Rubio Publicado por Forum de Política Feminista - La
organización de las asociaciones de mujeres. Subido a la red por Mujeres
en Red. Fuente: http://www.mujeresenred.net
Texto de la contratapa extraído del zine “Taller de asamblearismo,
facilitación y consenso”.
EDICIÓN: marzo, 2012.

En los años 70, la feminista americana Jo Freeman escribía una
crítica a la desorganización en los movimientos políticos; tal vez la
que más circuló en los entornos radicales a través del mundo.
Mirando los grupos más o menos leninistas de aquellos tiempos (y
ahora se podría hacer la misma análisis con partidos izquierdistas,
plataformas unitarias antiglobalización....), muchos militantes
concluían precipitadamente que todo tipo de estructuras colectivas
formales eran fatalmente autoritarias. Preferían agruparse y actuar
de un modo muy “libre”, espontáneo.
Pero Freeman contestaba que en cada grupo se forma
obligatoriamente una estructura, consciente o no. Pretender no
tener ninguna equivale sencillamente a negar la cuestión del
funcionamiento interno, a no pensarla. A través de colectivos
informales y espontáneos, pensaban evacuar las relaciones
contaminadas del poder, pero obviaban solamente la discusión
sobre ellas.
Rechazando el debate sobre las estructuras, se impide ver las que
existen ya, identificarlas e intentar cambiarlas si hace falta. En
realidad, esa fe en la espontaneidad, da pie a la reproducción de
relaciones de dominación que nos han inculcado vía la familia, los
massmedias, la escuela... El colectivo “sin estructuras” se puede
convertir en un terreno propicio a las relaciones autoritarias, pero
éstas son mucho más invisibles y por lo tanto más difíciles de
transformar. Es lo que Freeman llama “la tiranía de la falta de
estructuras”.

Ojo de Bruja
Ediciones Feministas y Lésbicas Independientes
OJODEBRUJADISTRO@RISEUP.NET
DIFUSIONFEMINISTA.BLOGSPOT.COM


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