las drogas una industria capitalista y opresora y la juven.pdf

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venderla y repartir el beneficio, también disponen de la información más reciente sobre los objetivos,
zonas y sectores a los que hay que llegar. Tampoco tenemos que olvidar el hecho del colaboracionismo de la
prensa al silenciar las denuncias populares y cubrir con un espeso silencio todo lo que interese al poder.
Por otro lado, quienes disponen de ese apoyo institucional no tienen ninguna competencia importante de los
sectores que carecen de ese apoyo; o sea, el monopolio es casi absoluto pues la policía es la primera
interesada en impedir o controlar cualquier competencia no controlada, deteniendo a los distribuidores,
chantajeando o deteniendo a los jefes del negocio competitivo, etc.
Los objetivos que se pretenden lograr con la droga son múltiples, pero nos interesan cinco de ellos que tienen
estas grandes características:
1º) que buscan la destrucción durante mucho tiempo de l@s revolucionari@s, debido a que la guerra
bioquimica, la droga, produce efectos muy prolongados en el tiempo, algunos de ellos para toda la vida, hasta
la muerte;
2º) que buscan ampliar la masa de afectados por la droga a los familiares y conocidos, pues estas personas
han de cargar con los actos de los drogadictos, sobre todo si han contraído el virus del SIDA;
3º) que buscan generalizar lo que llaman la "inseguridad ciudadana" con la subsiguiente legitimación del
incremento de las fuerzas represivas, sobre todo en los pequeños tenderos, comerciantes, personas mayores,
etc, es decir, en una de las franjas sociales más fácilmente manipulable por la demagogia autoritarista;
4º) relacionado con lo anterior pero con específica motivación, que buscan extender el individualismo más
agresivo, el sálvese quien pueda, el darwinismo social de la supervivencia del más fuerte, pues la ideología
de la droga es inseparable de esa mitología autoritaria, racista y machista, aunque algunas justificaciones para
su inicial y primer consumo hablen de la "diversión colectiva", la "juerga en cuadrilla", etc; y
5º), que buscan ampliar la información policial, el control social, los medios de infiltración y hasta
provocación en las organizaciones colectivas, sociales, populares de todo tipo, por no hablar de las
organizaciones revolucionarias.
La consecución de estos y otros objetivos, exige organizaciones amplias y diversificadas, pero muy
centralizadas. El propio sistema es el interesado en ocultar la verdadera amplitud de las redes organizativas de
la economía de la droga. Nos ofrece una visión oficial de esas redes: la del pequeño yonki y la del camello
desarrapado, pero nos OCULTA la enorme complejidad de esa rama de la economía capitalista. Las
izquierdas, por lo general, se han tragado inocentemente esa versión, aunque la izquierda abertzale ha avanzado
mucho en ese campo demostrando la unión de las fuerzas de ocupación con determinados sectores de las
clases burguesas media y alta en la rama ilegal. Pero antes de seguir el análisis, hay que decir que el
funcionamiento de cualquier reparto de droga es esencialmente el mismo que el de cualquier reparto de
otra mercancía capitalista, salvando obviamente algunas distancia secundarias para los fines de nuestro
estudio. Es el mismo, debe ser el mismo, porque lo que rige, lubrica y mide su efectividad es la ley del
beneficio. En los casos en los que el opresor necesita el arma de la droga para aplastar a l@s oprimid@s, la
efectividad de esta ley se hace aún más demoledora porque las fuerzas represivas aseguran con su poder que
quienes se integren en su negocio político-económico OBTENDRÁN MAYORES BENEFICIOS QUE EL
RESTO. Si, encima, quienes se integran en sus redes tienen la misma ideología opresora, odian a l@s
oprimid@s y a sus reivindicaciones, entonces la ley del beneficio funcionará a las mil maravillas.
Cada rama concreta de la economía de la droga tiene sus peculiaridades organizativas propias, pero todas ellas
funcionan idénticamente en el fondo. Independientemente de que sea legal o ilegal el producto que lanza al
mercado, el esquema en esencia es el mismo: un centro controlador, que surte del producto, que regula su
reparto y contabiliza muy rigurosamente el beneficio obtenido. Este centro, que puede ser el departamento de
distribución y venta de una multinacional de psicofármacos o de Tabacalera o de Bodegas El Rey, o el
despacho de una comisaria o cuartelillo, o el tugurio de una pequeña banda de barrio obrero, controla
todo el proceso e impone severos castigos o grandes recompensas a quienes no llegan al nivel estipulado de
ventas o a quienes lo superan con creces. Los castigos y recompensas estarán relacionados con la empresa
concreta, con su compromiso con la legalidad o sus tratos ilegales, etc, pero, insistimos, la lógica es la misma.
Incluso es la misma para la drogodependencia religiosa, para el opio religioso: aquí también funciona la misma
estructura ultracentralizada y ultrajerarquizada que en cualquier otra empresa de la economía de la droga. Lo
que ocurre es que la drogadicción religiosa se caracteriza por apurar al máximo la ley del beneficio en general
