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el sector legalizado, que se limita a explotar el que ya domina: los psicofármacos legalizados de venta
masiva, el alcohol y el tabaco de venta oficial, etc.
Impelidos por esa necesidad ciega, que también presiona de manera tan igualmente ciega e inmisericorde sobre
y contra la empresa más legalista, los sectores ilegales se lanzan a la búsqueda y comercialización de nuevas
drogas, de nuevos mercados para ellas y de nuevas justificaciones para su consumo. Las recientes drogas
de diseño, las rutas de bakalao, el policonsumo caótico y compulsivo, etc, sólo se comprenden desde esta férrea
lógica de la mutua competencia, de la tendencia a la caída del beneficio de la economía de la drogadicción.
Desde luego que siempre parte de la base objetiva de la existencia de una profunda miseria subjetiva,
MISERIA CRECIENTE. Pero que esta miseria subjetiva, la infelicidad que todo lo arrasa, crezca, no quiere
decir que la única beneficiaria sea la economía criminal. No. Al contrario. Por lo común, mayoritariamente,
es la economía legalizada de la droga la que más se beneficia. Todo el Orden Médico, desde el aparato
psiquiátrico privado hasta la decrépita sanidad pública, y sobre todo la industria quimico-farmaceútica, son
las que más y más tajada obtienen con y del malestar social creciente. Ahora bien, también aumentan las
posibilidades para la fracción ilegal, aunque se la debe trabajar porque sigue siendo eso, ilegal.
Pero la ganancia para el sector ilegal se multiplica y se hace más fácil en determinados casos, en concreto
cuando el poder necesita de la economía criminal para aplastar a l@s oprimid@s y cuando el sistema en
su conjunto se encuentra en momento de cambio de fase histórica. Vayamos por partes. Empecemos por el
segundo, por el del cambio de fase porque se trata de un tema que explica muchas cosas. La economía criminal
aumenta su importancia, obviamente, en los momentos de caída de la tasa media de beneficio, es decir, cuando
casi todos los capitalistas ven como sus ganancias descienden. En esos momentos, la economía criminal les
ofrece muchas y excitantes posibilidades de inmensas sobreganancias. Una de las razones de las crisis
estructurales, además de otras, es que las ramas productivas clásicas, las que se desarrollaron en el pasado y que
fueron rentables durante toda una fase histórica, han entrado en agotamiento por razones que no podemos
explicar ahora. Son varias las soluciones que tiene el capital para salir del agujero, pero una de ellas y de las
más rápidas, sencillas y de inmediatos beneficios, es la de la economía criminal.
Por ejemplo, actualmente, decenas de miles de millones de dólares que circulan por el mundo como capital
financiero bordean a diario la legalidad Y EN MUCHÍSIMOS CASOS LA INCUMPLEN SIN
ESCRÚPULOS. Pues bien, la actual financiarización, el llamado globo financiero, o más correctamente la
explosión especulativa sin precedentes en la historia del capitalismo, además de ser una muestra de la
gravedad de la crisis estructural que padece, es una de las salidas desesperadas de que dispone aunque sus
costos sean terribles para pueblos y continentes enteros, y también para pequeños y medianos capitalistas
anticuados. Y la financiarización tiene mucho que ver con el blanqueo del dinero ganado con las drogas. El
"blanqueo" del dinero no es otra cosa que el acto de legalizar e introducir en la economía oficial las
sobreganancias que se obtienen ilegalmente en la economía criminal, no oficial. Actualmente, la economía
ilegal de las drogas es una de las fuerzas que impulsan la mundialización al necesitar de las
transnacionales y de la liberalización absoluta para el libre tránsito de capitales a escala planetaria, con
el fin de acelerar el blanqueo de sus inmensos beneficios. Los tres grandes bloques hiperimperialistas que ya
están muy adelantados en su formación: euroAlemania, área asiático-japonesa y dolarAmérica, así como las
grandes corporaciones transnacionales, están interviniendo activamente en la brutal guerra silenciosa que se
está librando por controlar parcelas de esa economía. Sería muy ilustrativo analizar cómo en cada paso del
capitalismo de una fase histórica a otra, como sucede en el momento actual, han tenido especial papel tres
factores: la guerra, las innovaciones tecnoindustriales y la economía criminal. Ahora, insistimos, estamos en un
momento de tránsito así.
Partiendo de aquí, podemos comprender mejor que en este momento preciso, ahora mismo, y mirando a la
sociedad vasca del siglo XXI, la economía criminal y en concreto su rama de la droga, juega un nuevo y más
importante papel que en el pasado. Antes de seguir recordemos el típico recurso al envío ilegal o extraoficial,
secreto, de armas a dictaduras criminales, o a la inversa, el apoyo extraoficial a contrarrevoluciones de
todo pelaje. En estos casos, el negocio armamentístico y las redes de dinero ilegal, son decisivos. En otros
casos son las drogas mal llamadas duras. En realidad el recurso a la droga como arma opresora ENTRA
TAMBIÉN EN EL CAPÍTULO DE LA GUERRA BIOQUÍMICA. La droga es utilizada como medio de
desmovilización, desmoralización y destrucción. Cuando se trata de cumplir esos objetivos, el negocio ilegal
parte con unas claras ventajas: por un lado, tiene el apoyo incondicional y decisivo de los servicios secretos,
de las policías y del Estado. Es decir, además de contar con una absoluta impunidad para recibir la droga,