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En una fachada popular, como la "casa de
Nariño" (ver imagen) está todo el sentido de lo
común; toda la alegría, la sencillez, la espontaneidad, la recursividad, la emotividad y la berraquera que nos identifica como colombianos;
una sensación que no despiertan las fronteras.
De todas las familias que he visitado en sus
casas, escogí este frente como ejemplo: supe
por un vecino que su dueño es Nariño, un señor
de edad, que deambula por las calles vendiendo
biblias, para comer y no para catequizar.
Si usted es estadounidense encontrará pobreza en este muro, si es alemán, inexactitud,
si es de la India, respeto, si es de Afganistán,
identificación, si es del norte de Bogotá, sentirá
vergüenza, pero si es del resto del país, hermandad (que es lo que vende Nariño). Pero si usted
es colombiano, a pesar de donde viva o adonde
se haya ido, encontrará belleza. Una que sólo se
da en estas tierras.

"O a la derecha".

La introducción y reaparición de términos anti-

dos y usted, estimada doctora Concha de Urrutia,

guamente acuñados en las lenguas nativas, como

con el calificativo de "indios", término que debe-

ecológico (ojokhacha), sostenible (tengunme ab-

ría ser una distinción y no un peyorativo, como

jaco), bioclimático (cubrahltlsol senchar cohjco)

lo descubrió el gran Mamo de la Sierra, cuando

demuestran el retorno de estos y otros principios.

bajó a la ciudad con pantalones, en un gesto de

Probablemente en unos años, con la mejor tec-

aceptación y respeto por nuestras incómodas cos-

nología, logremos hacer de nuevo construcciones

tumbres.

biodegradables, que nazcan y se mueran como

Desde entonces el término" cultura popular"

nosotros y otras que perduren por contener un

está asociado a lo 'popular inculto', a lo falto de

espíritu como el de la maloca; nuestro patrimonio

gusto y carente de estilo.

(algo que pocos han logrado materializar y que

Tuve que tomarme 2.534 cafés con todo y

debemos defender y aprender a cuidar)

nata, digerir 893 empanadas, 345 tamales, 76 to-

Con un esfuerzo monumental, antropólogos
como Reichel Dolmatoff o Martín von Hildebrand
lograron devolverle el respeto y la importancia a
las comunidades que se vestían y aún se visten
con los atuendos tradicionales, como los Kogui de
la Sierra Nevada.

doricos, 56 ponys, 28 liberales, cuatro cuyes y una

Pero los que se pusieron la cachucha y los
tennis se quedaron atrapados entre los antepasa-

sola fachada de las millones que se replican a lo

danta para entender que todo lo que nos identifica como mestizos y como país, no está en ninguno de los edificios que rodean la plaza de Bolívar,
ni en las armas que nos darían la libertad, ni en las
leyes que nos garantizarían la justicia, sino en una
largo y ancho de nuestro territorio.
"casa de Nariño".

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24 •  proyectodiseño  

En la casa de Nariño, en su zócalo que no
es continuo sino esporádico, enajenado de cualquier exactitud que no sea la libertad de pintar,
sin el temor de que se acabe la pintura, está
oculta la verdad (no 'él secreto') de todo lo que
los españoles trataron de acabar y de masacrar
con sus cruces y sus espadas y que nosotros mismos hemos continuado con nuestros prejuicios;
una cierta enajenación y desprendimiento de lo
material, que se lee en la despreocupación con
la que se ubica y da forma a los elementos que
componen la fachada, donde la riqueza, no es
algo que se demuestra con los materiales (está
presente en el gesto, el tono y el detalle).
En los colores que escogió, que no son ni el
azul rey ni el rojo de película de los tapetes de
Hollywood, está todo el carácter y el sabor de
nuestra naturaleza.
Si hay una distinción en nuestras fachadas,
que nos diferencia del resto del planeta, es el
humor, algo que muy pocas veces se ha presentado en la historia de las civilizaciones, porque
siempre ha primado la representación del poder
o de la riqueza o del refinamiento o de la exquisitez, o la sobriedad del cubo más cúbico o la
innovación del menos cúbico.
Por eso en Guanacas (a donde finalmente
me fui, en vez de Cambridge o Barcelona) donde
hice una Biblioteca de guadua y paja (materiales
del lugar) con concreto y acero (materiales modernos), hice dos series de pinturas al óleo que
para mí son tan o más importantes que la estructura y los cerramientos: la primera, son personas
del lugar al óleo, algo que como la colonia y el
desodorante, jamás se ha usado por estas tierras. Son personas queridas en la región por sus
valores humanos (no el alcalde o el mandamás
comunitario, al menos que el mandatario sustente estos valores a pesar de ser un mandamás,
como a veces sucede). Estos son colombianos
comunes y corrientes, el que atiende la tienda,
el que manejó una buseta en Cali o la que sacó
adelante a sus hijos y a los otros dos que adoptó