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Carta abierta
de un arquitecto
( viene de la página 25)
T
oda esta idea surgió en Guanacas, en la casa
de muros de barro y teja de zinc donde viví en
Tierradentro. Ahí pude hacer todo lo que no logré
en todos los años de Pre-kinder, Kinder, Primaria,
Bachillerato y Universidad: sentir por mi mismo,
que es otra manera de pensar.
Allá logré hacer todo lo que los hombres nos
hemos negado por generaciones: experimentar la
poesía cuando es un movimiento que surge de la
cadera, llorar la frustración de ver perdidos todos
nuestros esfuerzos en un instante, entender a
Camus, bautizarse en la propia fe y vestirse de los
colores que uno quiere; algo que sólo me había
dado el fútbol. Una cancha fue el primer esquema
que tracé sobre la tierra, con el sueño de ser un
futbolista y no un arquitecto.
Allá en la soledad, donde se confunden la
locura y la estupidez (es tan sutil la diferencia) me
cambié el nombre.
Me llamo imontañaS, pinto muros y pongo
bancas en las fachadas de las casas, nací con barba en las montañas de Colombia, el día que escuché la pregunta que Jaiber le hizo a su papá a raíz
de la calcomanía que pegaron en la puerta principal, los emisarios del Sisbén, dejando claro que la
casa había sido censada y que sus ocupantes eran
del estrato uno: ¿papá es cierto que 50m05 de los
más pobres de Colombia? Lo que Jesús Polanco
nunca supo, es que no fue sólo a su hijo, sino
a mí, a quien dio una lección para toda la vida,
cuando precisó en qué consistía la riqueza, con tal
lujo de detalles, que me convenció para siempre
del valor de las cosas cuando son necesarias y la
belleza honda, pero sutil que esconden las situaciones cotidianas y las monotonías elementales,
de las que se compone la existencia humana; esas
cosas que se han repetido desde siempre, como el
día y como la noche.
El hombre siempre ha sido el mismo.
En ese momento acepté que todo lo que alguna vez quise ser y hacer, no fue lo que pretendí. sino que reposaba en todo lo que por mucho
tiempo negué, por la inmadurez del destete, un
legado anterior a las preguntas sobre el ser y el tener de mi abuelo, de mi abuela Julia, el ser que me
demostró con sus oficios cuál es el sentido de lo
común y me educó para ser una buena persona y
no un gran artista como mi papá, ese hombre soliado y amoroso, que nos enseñó a sus hijos a ser
responsables y generosos, por encima -inclusode nuestras aspiraciones y deseos, y de mi querido
Mauro (¡hombre Mauro!) que se murió dejandome su tesis -la revolución cultural- antes de que lo
atropellara un molino en Estados Unidos, donde
se laureó en física, matemáticas y filosofía y no de
poeta, lo que siempre fue.
Pero si hay un ser al que le debo todo, la vida
misma, es a mi mamá.
Simón Hosie pintando las primeras capas del tríptico • Labo ropa con platón ".
Ella que todo lo tuvo, el vestido blanco perfecto, una perrita French Poodle llamada Jonasa,
profesor privado de tennis y educación de monja
con guantes blancos, terminó internada en un
pabellón de la Santo Tomás, donde casi la pierdo, por haber quedado embarazada tan joven de
un artista hippie, algo que su mamá Luz María
Gómez, de tan buena familia, juró no perdonarle
jamás y que le arruinó la vida para siempre.
y si esto es algo lógico, doctora Magda, entonces permítame dudar por un instante de esta
realidad en la que creció, donde ser culto es una
condición que se sustenta sobre unos estantes de
madera, con unos libros que se ordenan por colores y no por temas, y que se utilizan más como
decoración que para reflexionar en torno a las
preguntas que plantean, y que tampoco está en
los viajes a Europa, ni en los vestidos de seda, ni
en el color del pintalabios, ni en la vajilla china,
sino en el ofrecimiento de un café -lo mejor de la
casa- en la única tasa que no está desportillada
y en el pan que se compra en la esquina, el que
amasa doña Margarita con sus manos.
Si algo deberíamos aprovechar son las confusiones que dejaron los filósofos, antropólogas y la psicólogos del siglo XX servidas sobre
la mesa, con relación a temas como la cultura,
para devolverle la posibilidad a estas personas
de ser cultas por una nobleza, que no se hereda
por linaje, sino que se gana con la humildad y la
honradez y se demuestra diariamente y no en
elaborados banquetes.
Cuando conozco a una mujer desempleada
como Ema, sola con sus tres hijos, en una situación en la que yo robaría para alimentarlos, que
prefiere salir y anotar sobre su fachada con un
tarro de pintura y un dedo, lo que buenamente
sabe hacer, lo que honestamente puede garantizar, entonces no tengo más palabras.
No tengo otra verdad para contar, que la de
haber estado frente al ser más valiente, e integro
y honorable que he llegado a conocer en la vida,
e intentar, así sea torpemente como usted precisa,
con todos mis defectos y falencia s, reproducir y
tratar de transmitir su mensaje, con un grito que
me sale del pincel y los palustres.
'El alma es una cosa blanca con un borde
negro': Anamaría Norman. Siempre quise copiar
esta definición de mi compañera de kinder. No he
encontrado una que ahonde más en su misterio o
esté tan segura de su existencia.
Nunca podré emular el mismo esfuerzo o la
necesidad con el que fueron hechos los originales,
como éste "de Ema":
"Peluqueo a maquina, trasmito capasitacion
costurera, labo ropa sucia, remiendo, adorno tortas, cuido de bebes, curo con yerbas, sobo, ay tinto" (ver imagen).
Encuentro más razón y honorabilidad en estos textos que en todos los libros y decretos que
se han firmado, como testimonio de lo que somos
y lo que necesitamos, de la situación en la que
nos encontramos, de los motivos que nos tienen
tintos en sangre y confesándonos con vino. Aquí
están escritos no cien años sino quinientos de soledad, de dolor y de abandono.
Ya no veo las cosas a través de mi persiana
americana.
Con mi matemática no puedo sustentar la
belleza que veo en estas casas, no será nunca tan
buena ni tan precisa como la de Carlos Hoyos, el
único genio de carne y hueso que he conocido,
porque sus papás lo obligaron a asistir a gimnasia,
única materia en la que no se destacó. Fue en la
arenera del colegio, cuando ambos teníamos seis
años, que el me hizo una pregunta, ya consciente de las teorías estéticas desde los griegos hasta
Wladyslaw Tatarkiewics, con una reflexión que
proyecto diseño • 57
