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"María llena eres de campo".

Según usted, estamos más cerca de propugnar
un modelo de vida basado en valores que parecen consecuentes con las necesidades actuales
a nivel mundial como el ahorro, el reciclaje y la
no dependencia de productos innecesarios (algo
que nos aclara, ya funciona en estos lugares, por
la pura necesidad y la incapacidad de pagar los
servicios y no por una conciencia ecológica para
salvar el planeta) que de reducir la cada vez más
grande brecha entre ricos y pobres y establecer
unas condiciones que garanticen la dignidad y
el crecimiento de todos los actores -desde la
lógica- de este complejo mecanismo de funcionamiento global, que usted parece no entender
porque depende precisamente de estos artefactos modernos, que usted no considera preponderantes para la satisfacción y plenitud de los
seres humanos.
Pero permítanos que seamos nosotros los
que saquemos a relucir las estadísticas para demostrarle lo contrario; esto es, la manera en que
nuestra raza ha demostrado su interés y su necesidad de contar con todos estos productos para
su feliz existencia.
Argumenta usted que es importante que
sean las comunidades las que determinen sus
necesidades y sus deseos, pero un error que sean
ellas mismas las que propongan las soluciones
adecuadas para cada caso, y sugiere la posibilidad de que éstas sean asumidas por profesionales que, teniendo en cuenta la integralidad

20 . proyectodiseño

del problema, logren entender lo que es común
entre los habitantes: el sentido del lugar.
Lo que está afirmando es que se les debe
coartar la libertad a las comunidades; a estos individuos de que elijan lo que ellos decidan en
términos técnicos y funcionales, como las casas
en material, que nos pidieron los habitantes de
Menjodí y Aiquebdó con el deseo que manifestaron de ser parte del desarrollo y el progreso,
algo que con tanto esfuerzo hemos tratado de
despertar con nuestras políticas y gracias a los
medios de comunicación.
No entendemos por qué abandonaron, ni
dejaron de usar las casas que les entregamos,
después del esfuerzo que nos supuso llevar hasta allá, el cemento y el ladrillo, donde sólo hay
madera.
Ahora la culpa, según usted, no es de ellos,
que firmaron las actas, sino nuestra.
Permítanos aclararle que nosotros jamás
obstaculizaremos el derecho de las comunidades
de tomar las decisiones autónomamente, ni de
los individuos a elegir y ser parte de los avances
del hombre moderno.
Según usted el Estado debería empezar a
seguir el modelo de las madres colombianas que
le han inculcado los valores tradicionales a sus
hijos desde que nacen y que, lejos de consentir
todos sus caprichos, les han enseñado el sentido
de lo común; a apreciar lo que tienen, los han
apoyado en la búsqueda de un trabajo honesto y

a encontrar la satisfacción en las cosas mas posibles y simples, en lugar del ejemplo paternalista,
irresponsable y facilista que ha malgastado los
ingresos en las tiendas, escondido y negado a la
moza, vendido la ilusión a sus hijos de tener una
casa con columnas jónicas como la de los presidentes y un carro con vidrios oscuros como el de
cualquier congresista, incentivando a sus hijos a
jugar con pólvora, en especial en festivales, reinados y otras elecciones populares porque eso
es lo que quiere y se lo pide suplicando, prometiéndole asumir las consecuencias -del tote que
se le va a estallar en la mano- dejándolo ciego.
Usted que elogió todos los avances que hemos logrado en lo que se refiere a la legalización
y conexión de los barrios marginales (que se repiten no sólo en todas las ciudades de nuestro
territorio, sino en Latinoamérica) con redes de
infraestructura como vías, parques, canchas de
fútbol, colegios y complementos educativos
como bibliotecas, en especial en la ciudades
de Medellín y Bogotá, parece estar interesado
en un modelo de integración, de estas zonas a
la ciudad contemporánea, que según usted es
complementario de estas iniciativas nuestras,
pero que nos parece poco clara, abstracta, por
no decir que ingenua y hasta tonta, algo que mi
investidura no me permite aceptar.
Lo único verdaderamente ilógico es su
propuesta, que está basada en lo que llama
"la desinhibición de la estética popular" (algo