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JOAQUÍN SABINA EN VIVO – LIMA, AGOSTO 2014

DOS NOCHES PARA UNA CELEBRACIÓN
ESCRIBE: ROGELIO LLANOS Q.

FOTOS: ROLLY REYNA
/ por alegrías/ Ahora que nadie
es sagrado / ni sobre mojado /
llueve todavía. Porque ahora,
para
aquel
que
cuyas
canciones tomaban como
motivo el universo macarra y
marginal, los tiempos sí han
cambiado. Y aun cuando el
escenario que recibe al
espectador tenga ese fondo
rojo de burdel y la Dietrich nos
remita a sus encarnaciones de
mujeres fatales, lo cierto es
que Sabina, antaño insomne y
errante, conoce ahora de paz
hogareña y, quizás, dentro de
poco, de columpio en el jardín.
Y está feliz. Y canta a esa
felicidad,
con
las
composiciones de aquellos
días fértiles en que ‘las horas pasaban de prisa entre el
humo y la risa’. 500 Noches Para Una Crisis es una gira
celebratoria. Otros quizás la vean como una de despedida.
Puede ser ambas cosas. Lo cierto es que entre el rock, el
blues, el bolero, la rumba, la milonga, la ranchera y el fox,
Sabina estremece con su canto emotivo, con su voz
desgarrada y expresa abiertamente cuánto ama a su
Jimena, a su Carmela y a su Rocío, a sus amigos, a su
España y a sus admirados Bob Dylan, Leonard Cohen y J.J.
Cale.

“Bajo la linterna frente a mi
cuartel / Sé que me esperas,
dulce amada mía / Y tu corazón al
susurrar / Bajo el farol latiendo
está / Lili, mi dulce miel / eres tú
Lili Marleen / Cuando llega un
parte y debo marchar / Sin saber,
querida, si puedo regresar / Sé
que me esperas, siempre fiel /
Bajo el farol frente al cuartel / Lili,
mi dulce miel, eres tu Lili
Marleen...” Y mientras la voz de
Marlene
Dietrich
se
va
apagando, Antonio García de
Diego, Pancho Varona, Marita
Barrios, Pedro Barceló y Jaime
Asúa caminan en el escenario
hacia sus instrumentos. Primera
ovación de un público que los
recibe expentante, entusiamado,
afectuoso. Antonio toma su guitarra eléctrica y lanza su
primera descarga. Un directo al corazón. Que no está en el
disco. Lo ha preparado para esta ocasión, como el intro
emotivo, punzante de un bolero con resonancias rockeras
con el que el Sabina -que ahora camina decidido, sonriente,
saco y bombín chaplinesco- da inicio a un concierto, que es
a la vez la inauguración de su tour 500 Noches Para Una
Crisis, gira inesperada porque no había disco nuevo de por
medio, pero que es, sin duda, oportuna y bienvenida.
Doblemente bienvenida porque por primera vez Sabina
programa dos conciertos en Lima.

Memorioso e irónico, Sabina alude también, en clave de
rumba, a sus amores pasados en la canción que da título al
disco. Lo mismo hará más adelante, con aires festivos que
no ocultan su amargura por el desamor y sus remembranzas
del Buenos Aires bien amado, en “Dieguitos y Mafaldas” y
reincidirá, rumbero, con el corazón maltrecho y ajado, en
“Cerrado por Derribo”. Los desengaños se curan con tragos
y con canciones. Bien sabe el flaco que las amarguras no
son amargas cuando las canta entre amigos y las escribe
junto a su Panchito Varona y su Antonio García de Diego,
sus incondicionales de siempre. Fiesta de acústicas, fiesta
de coros. Y también fiesta de imágenes, porque los sonidos
y las voces encuentran su correspondencia en unos dibujos
nacidos del ejemplo de su maestro Dylan, trazados con la
pasión de ‘un profano que disfruta desenredando el pubis de
las putas… soñando con fundar la primavera… quemando
las horas muertas’, cuando Venus le es esquiva o cuando
ellas desaparecen al filo del amanecer. Y claro, no hay
desengaños sin huella, y si bien el resentimiento y la
crueldad ya se han aquietado con los años, la interpretación
de “Barbi Superestar” –una suerte de Princesa, veinte años
después- sigue golpeando con
la misma dureza de lo vivido en
el ayer. Cómo una historia así la
podemos celebrar y cantar a voz
en cuello, sin duda se debe a la
magia de unas guitarras cuyos
sonidos afilados en el ‘intro’ y
vigorosos y acompasados a lo
largo del canto, remecen y
entusiasman. Cómo olvidar a un
Sabina
exultante,
guitarra
eléctrica en ristre, mientras
alienta a un inspirado Jaime

Esta gira, según dice el mismo cantante, responde a su
deseo de tocar en vivo el álbum 19 Días y 500 Noches
(1999), en el mismo orden con el que aparecen los temas en
el disco. Y es que 19 Días y 500 Noches, que precede al
pequeño infarto cerebral que lo puso fuera de circulación
durante varios años, tuvo una génesis en cuyo crisol se
mezclaron los infortunios sentimentales del cantante, pero
también el despertar de nuevas ilusiones que, poco después
dieron lugar a una estabilidad emocional un tanto extraña en
la agitada vida de un Sabina que ahora luce flaco, con más
canas y arrugas…pero, quizás, más plácido y más lúcido. Lo
cierto es que en los orígenes del disco, confluyeron el azar personificados en el poeta y amigo, Benjamín Prado y el ex
Tequila, Alejo Stivel- y la inspiración de un Sabina prolífico,
con muchas cosas que contar y pronto a romper moldes y a
integrarse con todos los honores a lo que Rubén, el cantante
de la banda española Pereza, ha llamado con acierto el
Olimpo de las Voces Rotas, donde habitan Tom Waits, Louis
Armstrong, Chavela Vargas y Bob Dylan.
19 Días y 500 Noches es un
disco que reivindica lo mejor de
la actividad compositiva de
Joaquín Sabina, muy consciente
del valor de esa grabación,
cuyas
pistas
ahora
las
rememora a la luz de los últimos
quince intensos años de vida, y
que coinciden con el tiempo
compartido con aquella mujer a
la que canta con fruición: Ahora
que tengo un alma/ que no
tenía/ ahora que suenan palmas

DISCOS Y OTRAS PASTAS

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AGOSTO 2014