256340485 Discos y Otras Pastas 60 Agosto2014.pdf


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“Chicha tu madre” (2006) del
director
peruano-argentino
Gianfranco Quattrinni fue
una sorpresa. La cinta se
afirma en los predios de la
comedia costumbrista, pero
contradiciendo cualquier forma
de complacencia colorida,
farandulera
o
procaz.
Rehuyendo de los tópicos
lastimeros y de la reflexión
ampulosa, “Chicha tu madre”
aborda el paisaje y la cultura
de
Lima
sin
reservas,
capturando con tono amistoso
(en medio del caos, la estafa,
el subfútbol, la prostitución y la prepotencia) los sentimientos
más profundos de sus habitantes, prolongados en una
Buenos Aires que nunca veremos.

formación de nuestros cineastas y productores. Y su
paupérrima
inventiva,
técnica,
cultura,
formalidad
procedimental. O la escasa preocupación del Estado de
organizar talleres orientativos para los cineastasadministrados respecto de los contenidos mínimos de un
expediente. Porque los proyectos de películas que se
presentan a los concursos DICINE son eso, "expedientes
administrativos de evaluación previa".
¿Deben revisarse las bases de los concursos de
CONACINE y volverlos más abiertos a un mayor número de
cineastas? Este asunto de la promoción del cine desde el
Estado ¿Debe ocurrir sólo con los proyectistas
independientes que tienen mayor dificultad en armar un
buen expediente y de acceder a posibilidades de
financiamiento?
¿Deben
participar
los
cineastas
consagrados a los que estúpidamente se les llama "vacas
sagradas", como si alguien los adorara? Ellos ¿Deben bailar
con su pañuelo o ser beneficiados con los concursos
CONACINE? ¿”Los consagrados” no son acaso tan
ciudadanos como los "independientes"? ¿Por qué no
organizar concursos con "reels" o avances de películas?
¿Por qué no pensar en los "work in progress"?

Pero el cine peruano no se reduce a aquel que se estrena
en las salas comerciales. En este momento existen diversos
cines peruanos, pequeños, minimalistas, radicales,
desafiantes, con escasísima difusión. “El desconocido nuevo
cine peruano” como le llamó hace unos años un portal web
chileno a este movimiento experimental y transgresivo hecho
por jóvenes peruanos, urbanos, entre los 25 a 35 años,
sorprende porque carece de apoyo público o privado; y
porque no mantiene relaciones con
los medios. Hablamos de trabajos
registrados en digital, lejos de los
estereotipos, básicamente sobre lo
cotidiano,
lo
doméstico,
lo
postmoderno, la desprolijidad y
respecto de personajes bizarros.
Nombres a tener en cuenta dentro de
afinidad son los de Rafael Arévalo,
Eduardo
Quispe,
Fernando
Montenegro, Omar Forero, Raúl
del Busto, entre otros.

El cine peruano es una realidad orgánica, en constante
transformación, sujeta a avances y retrocesos, sin prognósis
a la vista. Y los beneficiarios de esa crisis debieran ser los
directores y el público, correspondiéndole a la crítica
documentar ese cambio formulando
las preguntas correctas. Porque se
hace tan poco cine en el Perú;
porque somos un país emergente
económicamente; porque tenemos
un
mercado
de
producción,
exhibición y distribución limitado; y
porque
se
necesitan
muchas
películas buenas pero también
toneladas de malas películas –
parafraseando al crítico chileno
Héctor Soto- para hablar de una
cinematografía nacional con niveles
de producción sostenidos; es que
planteo que la labor de la crítica será
importante.

CONCLUSIÓN
Julio Cotler indica que los períodos
de mayor conflictividad social en el
Perú han coincidido con los de mayor crecimiento
económico, acumulación y dispendio. La angurria fermenta
por igual a las clases altas y bajas. En circunstancias como
esas todos quieren participar de la "torta fiscal" pero nadie
justifica o sustenta su derecho. Y como el Estado, su
legislación y sus instituciones, no responden con la prontitud
deseada (porque está pensada para una realidad pobre y sin
equidad) entonces todos quieren asaltar las arcas fiscales.
Eso no va más. O no debería ir más en el Perú. Los
recientes
concursos
extraordinarios
de
proyectos
cinematográficos organizados por el Estado (posproducción,
distribución y exhibición) y la decisión soberana de los
Jurados de DICINE de expresar -en ocasiones- su
disconformidad por la baja calidad de los proyectos, revela
muchas cosas:

El empobrecimiento de nuestra cinefilia es palmario. Por
falta de opciones, por un manejo oligopólico del mercado de
la distribución y exhibición. Y por eso no vamos a ir a ningún
“mundial del cine” ni tampoco a alcanzar los estándares de
calidad del “nuevo cine argentino”, por ejemplo. Para JeanLuc Godard una forma de hacer cine es haciendo crítica. Y
se cree erróneamente que el lanzamiento de tomatazos
encierra la esencia misma del oficio. Esto porque hay tantos
opinantes de cine en el Perú como películas malas hay; y
ese crecimiento exponencial de opinantes en relación a la
oferta de cintas y medios, envilece la actividad.
Mañana te cuento, Mañana te cuento II, Paloma de papel,
Vidas paralelas, Un día sin sexo, Un marciano llamado
deseo, El forastero, Muerto de amor, Cuando el cielo es
azul, El acuarelista, son cintas que
merecerían todos los tomatazos del mundo
pero sobre todo una argumentación que las
coloque en el lugar justo. Por esas razones el
cine peruano -el de Amauta Films, Figueroa,
Nishiyama, Robles Godoy, Sinclair, Lombardi,
Tamayo, Huayhuaca, Méndez, Velarde, Llosa,
Salvini, Gálvez, Fuentes, Quatrinni, Velarde,
los hermanos Vega, García Montero, Vega,
Yépez, Ramírez y Forero- debe seguir siendo,
al menos por un tiempo, una crisis sostenida.

El cine necesita el apoyo del Estado. Pero no
se puede premiar, promover y financiar
proyectos in-sustentados, deficientes, bajo el
argumento que "el Estado me tiene que
ayudar". Porque el Estado no es beneficencia.
Los proyectos generalmente son mal
expuestos, mal diseñados, sin observar los
términos de referencia mínimos que permitan a
los evaluadores advertir sus ventajas, atributos
y calidad artística. Esto revela la pobre

DISCOS Y OTRAS PASTAS

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