ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


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verme tendido en el suelo.
»Estoy convencido de su inocencia, individual y colectiva. Todo ha sido una broma, amigos.
Hollis contempló al asombrado Baston y a sus compañeros, agrupados detrás de él.
-¿Nos vamos ya, John? -me dijo Sir Guy a continuación-. Creo que se está haciendo un poco tarde.
Dando media vuelta, se encaminó hacia la puerta. Le seguí. Nadie dijo una sola palabra.
Después de aquello, la reunión se convirtió en una especie de funeral.
3
Tal como habíamos convenido, a la noche siguiente me reuní con Sir Guy en la confluencia de las
calles 29 y South Halsted.
Después de lo que había sucedido la noche anterior, yo estaba preparado para casi todo. Pero Sir
Guy tenía un aspecto completamente vulgar mientras paseaba lentamente por la acera, esperando mi
aparición.
-¡Bu! -exclamé, dando un repentino salto.
Sir Guy sonrió. Sólo el revelador gesto de su mano izquierda indicó que había buscado
instintivamente su revólver cuando le sorprendí.
-¿Preparado para iniciar la caza? -pregunté.
-Sí -respondió-. Me alegro de que consintiera en acompañarme sin hacer preguntas. Ello demuestra
que confía en mi criterio.
Me cogió del brazo y echamos a andar lentamente.
-Esta noche hay mucha niebla, John -dijo Sir Guy Hollis-. Como en Londres.
Asentí.
-Y hace frío, también, para esta época del año.
Asentí de nuevo.
-Es curioso -murmuró Sir Guy-. Niebla londinense y noviembre. El ambiente y la época de los
asesinatos del Destripador.
Sonreí a través de la oscuridad.
-Permítame recordarle, Sir Guy, que esto no es Londres, sino Chicago. Y no estamos en noviembre
de 1888. Han pasado más de cincuenta años.
Sir Guy me devolvió la sonrisa, aunque sin la menor alegría.
-Yo no estoy tan seguro -murmuró-. Mire a su alrededor. Parece que estemos en el East End. Y este
barrio tiene más de cincuenta años de antigüedad.
-Estamos en el barrio negro -observé-. Y todavía no sé por qué me ha traído usted aquí.
-Es un presentimiento -admitió Sir Guy-. Sólo un presentimiento por mi parte, John. Quiero dar una
vuelta por aquí. Estas calles tienen la misma configuración geográfica que las de los barrios donde
el Destripador vagabundeó y asesinó. Aquí es donde le encontraremos, John. No entre las brillantes
luces del barrio bohemio, sino aquí, en medio de la oscuridad. La oscuridad que le oculta y le
protege.
-¿Por eso se ha traído usted un revólver? -pregunté. Fui incapaz de evitar que mi voz revelara cierto
sarcástico nerviosismo. Aquella conversación, la incesante obsesión de Jack el Destripador, estaban
afectando a mis nervios más de lo que me atrevía a admitir.
-Puede hacernos falta -dijo Sir Guy en tono grave-. Después de todo, esta noche es la noche
señalada.
Suspiré. Vagamos a través de las desiertas calles, invadidas por la niebla. Aquí y allá, ardía una luz
mortecina encima de la puerta de una taberna. Aparte de aquellas luces ocasionales, todo era
oscuridad y sombras. Nos deslizábamos a través de la niebla, solos y silenciosos, como dos
diminutos gusanos arrastrándose dentro de una madriguera subterránea.
Cuando me asaltó esa idea, me estremecí. La atmósfera empezaba a actuar también sobre mí. Si no
procuraba dominarme, acabaría tan chiflado como Sir Guy.
-¿No se da usted cuenta de que por estas calles no pasa un alma? -dije, tirando impacientemente de
su americana.
-Tiene que acudir aquí -dijo Sir Guy-. Esto es lo que he estado buscando. Un genius loci. Un lugar
diabólico que atrae al diablo. Cuando ha atacado, siempre lo ha hecho en los suburbios.